Liquidación

Guardo tus ojos en mi pecho de cuantos rostros de tu tiempo decidiste darme.

Como columnas me pesan en la respiración, como a la sombra de la tierra le pesan las almas de árboles.

Incrustados en las costillas y de tanto andar en sus senderos me van llegando a la espalda,

al cansancio de los años en su hoguera; y tenues alarmas de primavera, flores de insomnio me piden soltar.

Los guardo como empolvadas burbujas, trasparentes mariposas de la memoria,

imágenes talladas en mi pálido rostro de madrugada, como dedales y dados, como rostros de alfileres

para mantenerme en el juego del sueño.

Tus ojos de transeúnte perdido en mi mundo, grises charcos para guardar a la tarde y sus hojas,

aguas impulsadas por el pesado silbido del viento cuando deposita su llanto.

Y con ellos me guardo yo, barajada hasta la saciedad en tus recuerdos,

Hoy en el rayo de luna, en las huellas del sol que se despide sobre las hojas,

en este minuto que suda de miedo y de impaciencia.

Las teas de un ciego amanecer liquida sus cuatro puertas del viento.

Los niños vienen por toda esa algarabía de espejos y escombros.

Un nuevo camino busca su vientre a través de las calles, el mar hace espacio para un puente.

y una alegre canción se traduce en la emisora de los pájaros.