En voz baja

Pienso en ti en voz baja para que nadie pueda divisar tu sobra entre en mis palabras.

Tanto te he escondido en la lengua y en los ojos, sepultando la visión de las hojas al caer,

el sonido que hacen al morir, llanto que se entrega al viento, que tu imagen comienza

a pensarse en voz baja también.

Cierro los ojos por un instante para recordar las imperfecciones de tu rostro,

para salvarte de la impermanencia, y casi por un momento tomas mi mano

y la conduces al abismo de la poesía, del reino donde los sonidos como potros se sueñan aves.

Relichan los sonidos, quieren liberarse mas algo en mi alma ha mudado,

tú y las palabras enterradas en tus poros se han vuelto alimento del aire, copos de arena

que pescan las olas.

Ya no puedo retenerte, ha llegado la hora esperada aunque tu sangre a la tinta de la pluma se aferre.

Debes dejar de existir en ese mar que mi corazón creó para ti con sus islas enraizadas en el vacío.

No sé que será de los versos que nunca escribí, hay cosas que siempre se piensan en voz baja,

son cosas destinadas a no tomar forma, a ser aire líquido y polvo de fuego.

Millones de palabras como hojas se consumirán en la hoguera de mi silencio y tú con ellas

como cuando el viento cesa de respirar, el universo cierra los ojos por un instante, nada parece existir

y sin embargo al despertar del sopor intuimos el vacío que ha dejado la invisibilidad de una estrella.

Quizás las cosas que no vemos más, que no podemos sentir, continúan existiendo más allá de la oscuridad,

del silencio del silencio, como un espina en un tallo infinito, como el pétalo de un loto que nunca termina

de abrir o cerrar su forma.

Puedo volver a hablar contigo, volver a verte con la niebla de los ojos, pero sé que eso que fuiste,

que fuimos en un renglón de la historia no volverá, la eternidad escribe páginas que después quema,

nunca regresa a una metáfora gastada o corroída cual deshecho del universo.

No queda más que recoger cenizas de recuerdos buscando algo que nos llame,

que nos dé la sombra de las llamas capaces de avivar la poesía, la búsqueda de lo que no puede ser hallado