Volviendo a la cordura

Enjutada mi alma en armoniosa sequedad, inhabilitados subterfugios de claridad innata, teniendo avistamientos de mi misma todo el tiempo a la misma hora, pelando papas para el receso.

Mi yo trazando círculos agujerados por el paso del tiempo, jugando a no ser descubierta en cada desavenencia festiva, riendo a cada chiste carente de gracia y altruismo, y comiendo hierbas finas en latas en peligro de extinción.

                                                                          

Oigo una voz esperanzadora atisbando corazones duros, vaciada de todo silogismo mundano. “El que tenga oídos que oiga.” Socavando lo que se pueda en un intento de verme sonreír, acostumbrándose a mis plegarias carentes de sumisión e ironía.