Pupilas manos, Manos pupilas

Conozco manos que tienen ojos,

que me desabrochan la piel,

me arrancan los lazos y los botones de los poros.

 

Que se introducen despacio y silenciosas

como agujas que suturan las vagabundas telas de mi cuerpo.

 

Manos que me miran,

que me exploran y penetran,

que ultrajan mi escondite con el sonido de sus pasos,

se beben el vino de mi oscuridad almacenada

y con un flash alumbran sus secretos.

Cada día avanzan más hacia inexplorados rincones de mis adentro,

van con la luz de sus retinas dominando los túneles minados de oro y cristales.

 

Ahuyentan con su lenguaje de caricias la soledad

que se corona adentro con guirnalda de flores muertas,

desentierran a mi alma de la recóndita tumba donde la sepulté viva,

para no verla, para no oírla.

 

Le prestan a mi alma sus pestañas incendiadas

para que vea la tierra oculta del cielo en el que vive la verdadera luna

y no su suplente nocturna,

en donde duerme el sol en su capullo antes de volar a nuevo día.

 

Préstame tus pupilas  manos, quiero tener faroles

para transitar la oscuridad de quien las aprisiona,

quiero acariciar a la noche y ver a la asustada estrella

que se esconde en su pecho.

 

Préstame tus  manos pupilas, para que pueda reconocerme por dentro,

afiliense a los míos, ayúdales a rodar hacia adentro, como dos palomas

que tras el sacrificio liberan su alma y pueden ver su propio corazón,                                                                                                                    que es el mismo.

 

Préstenme la visión con la que acarician,

con la que se derrumba los muros de la niebla,

para que pueda encontrarme las huellas disueltas en la respiración,

los pedazos de luz perdidos en la fábrica de los órganos.

 

Quiero ver con sus propios ojos al que las encadena,

quiero ver con su esencia al que me aprisiona al paso de ustedes,

un desierto donde me hallo esclava de la sed.

 

Derramen su agua de cielo en mis ropajes,

sacien mi esqueleto desnudo para limpiar con su sal las grietas que una a una me ocultan,

liberen su antrocha y ábranme paso hacia quien las porta,

quiero nombrar y ser nombrada por ese alguién.

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