Notas de un Día Semilla Eléctrica Amarilla

¿Has visto una estrella caer?
Hoy en el cielo de esta madrugada, las estrellas me llamaron a salir, titilaban como nunca antes las había visto, una la más refulgente,  titilaba  en tres colores alternantes, azul, blanco y rojo.
Las demás como al ritmo de una sinfonía armónica no dejaban de titilar.
Recordé de pronto la meditación galáctica de Valum Votán, y me vino a la mente las líneas del maestro Padmasambhava que Valum Votán menciona:

La naturaleza de la mente es vacía y carece de fundamento alguno.
Tu propia mente es insubstancial como el cielo vacío.
Debes mirar en tu propia mente para ver si esto es así o no.

Pensé, qué mejor momento de aplicar esta metáfora que viendo esa sinfonía visual de estrellas que han estado titilando alrededor del planeta por millones de años antes que yo naciera en este cuerpo.

Empecé con la mente natural, a disolver mis pensamientos con cada expiración y luego de unas cuantas respiraciones  pude sentir con claridad, el símil del cielo con la inmensidad del no-ego del cual hablan todos los maestros.

Experimentando la vaciedad de la mente, mirando el cielo, mis ojos fueron testigos de la caída de un meteóro que alumbró por un instante el cielo.
Mis ojos se quedaron asombrados, mi boca se abrió involuntariamente, no dejé de mirar con el rabillo derecho la estrella más refulgente, que no deja de enviarme sus tres colores y con el izquierdo sigo admirando las demás.

Este meteoro que me hizo sentir intensamente vivo y asombrado es una señal más que confirma lo que he presentido últimamente: que desde el cielo, en las galaxias, y a través de las estrellas, se emiten mensajes que si tan solo prestamos un poco de atención, tal vez podríamos descifrar.

Me doy cuenta que mi mente quiere capturar el momento, en un micro segundo busco mi celular para tomar una foto del instante, no lo tengo, me conformo con mi memoria, disfruto el momento. Trato de adentrarme en ese ruido blanco que permea todo últimamente. El Toby, nuestro perro, mitad doberman, mitad rotwailer, negro como la noche, se sienta muy derechito frente a mi y me pone su hocico en mi mano, como para que me de cuenta de su presencia. Me doy cuenta de que me mira atento, quizá se pregunte que es lo que hago a esta hora mirando hacia arriba. Creo que es bueno para un perro ver a un hombre mirar las estrellas. Me doy cuenta de que el momento se ha ido, y es cuando he entrado a escribir estos párrafos en esta revista.