Mandala 14: Resurrección y bandada

Hagamos el pacto de ver nuestra sangre tras las brasas de las multitudes.

Te digo que habremos de inventarnos otros besos mi amor;

unos que no buscan al grito hambriento y oculto como el amor que se exhibe en los ombligos

cual pequeños piercings, como quien grita de júbilo en los rojos labios adolescentes

que descorchan botellasy se beben vinos prolongados de discursos de seda líquida y se clavan

besos de restos de mujeres.

Hemos olvidado que ya no hay labios en nuestros rostros para que pueda advertirte.

Ya no hay labios para proclamar el canto que nos une, silencio que se exhibe en los dientes con

su extraña calidad de sonrisa.

Querido mío, amor absuelto por el ocio del tiempo, libre de sus propios reproches,

¿crees tú que sea un juego lo que hicieron las sombras de las manos cuando,

como muertas acariciaron el recuerdo que nos hermana?

Mira, anda, adorado rostro de ángel con mirada de lagos en el que mis días infantiles se desnudan.

Habremos de inventar besos como un capullo para los años cansados, como dulces lámparas

donde dormir en miel y soñar entre las rojas polillas del crepúsculo que invade y extirpa de las hojas

y los árboles el rubí.

Si no, entonces, juntemos al menos las sombras de la mirada a la algarabía del festín diario,

llenemos los dientes con baños de oro, con láminas doradas los ojos, con calles de silencio

que nos hablen de nosotros, de los que fuimos,

No quiero sepultar a la piel en gabardinas de diamantes,

ni beberme los vinos que los días reparten en su afán despreocupado de los colores del cielo.

No quiero unir mi trino al noticiero que arrastra la hojarasca, exhibiendo sus banderas ensangrentadas de fresas prostitutas.

Mira, anda, adorado rostro, bésame como si tuvieras memoria de ángel, y oculta el pozo de tu cráneo con coronas de laurel.

Básame como si recordaras, y agarremos un atajo de luz.

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