Mandala 13: Espectáculo amoroso

                                                                        I

Llevamos sin darnos cuenta al amor doblado en los bolsillos envolviendo su anillo de oro, 

y sin darnos cuenta también llevamos la cruz clavada al pantalón. 

Querido mío, amor disuelto, migajas de los años, ¿crees tú que hayamos perdido las pistas del    regreso?

Mira, anda, adorado rostro de mis rezos diarios, voltea el imán de tus ojos cual puertas abiertas 

al espetáculo de las multitudes. 

Llevamos sin darnos cuenta al amor en los calzones con sus asfixiadas plumas del sombrero, 

y se nos confunde con los encajes de la manga y esa mano enorme del corazón que busca y no encuentra, y es azul oxidado que ondula en la cabellera y se enreda. 

Ahora que he vuelto a ver tu rostro, querido mío, como la aparición fantasmal de una vela, 

como una máscara asustada en la penumbra y que canta versos de comedia, 

te ruego letanías de deseo y enciendas el televisor del pecho, déjame ver aquel capítulo una vez más antes de rotar todos los soles. 

¿Podrías observar la maravillosa devoción de colores que arrastramos? Patrón silencioso, inmovil, que se repite y nos hipnotiza. 

¿Podrías, aunque hayamos olvidado que ya no hay ojos en el rostro para ver el espectáculo

multitudinario con su desfile de confetis, banderolas y billetes con pelucas, rojas caravanas de cabecitas entintadas, y la mirada se tambalee al retroceder al centro del corazón?

Hemos olvidado que ya no hay nariz en el rostro para respirar el sudor de las masas 

estupefactas ante la pira de bragas que pretenden liberar las brasas del escozor, ¿amor? 

con su calidad de orgasmo inacabado; ya no hay nariz para olfatear el aleteo de la rosa matutina posando su sangre blanca sobre el alfeizar que espera húmedo de sol. 

                                                                 II

Querido mío, amor diluido en las manecillas del agua que corre lentamente hacia el ranuras galácticas del olvido,  ¿crees tú que hayamos perdido las manos?

Mira, anda, adorado rostro mío que se anhela a las masturbaciones de mi calma. 

Habremos de inventarnos otros ojos con los que ver las huellas del polvo asido a las 

gotas de lluvia aún sentadas en su claro de luna, en la esférica forma del sueño que te espera 

y ahora tiene cara de noche y hueco insomne frente a las estrellas.

Habremos de inventarnos otra nariz con la respirar nuestro cansancio de amar y restaurar  tejidos, palpitaciones, movimientos afilados sobre el andar constante hacia los muros de lluvia. 

Descansemos, amor, dejemos por un momento detenida la reparación de órganos con los que seguir palpando este mundo, amando; el cansancio es letal y aguarda un nuevo murmullo de frío espacial, un nuevo soplo a través de los corredores infinitos del núcleo tembloroso detrás del corazón. 

Mira ahora como han surgido de nuevo las manos y los  labios con los que herir de besos los nudillos con los que golpeamos  las pesadas cortinas de agua, los muros del espectáculo continuo hacia el fétido final de las calles. 

 ¿Viste ya a los  besos brotando de los labios como pompas de jabón para posarse en los ojos 

abiertos de un golpe después del reposo? Es la lluvia en su primera fase dentro de la circunferencia de una estrella, la estrella de la espuma azul peinada por el fuego. 

Las pupilas han salido de sus tumbas, la luz palpita a toda velocidad como una motocicleta a través del gélido mirar que se estremece si te observo; las pestañas se sacuden violentas las astillas de cruces aplastadas. 

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