Amor de alegría se percibe en las playas, niñas madres con sayas floridas que
cobijan que cobijan a los desertores del descanso de las olas.
Sombrillas de cócteles sobre las manzanas risueñas son rostros juveniles del desamparo;
cierta como relativa es la alegría flechada que los jóvenes obsequian, flores erectas
al sol del mediodía.
Lluvias emanadas de los pechos alegres, ráfagas de corazones heridos en el aire,
pequeños mandalas que emergen de la arena y han errado en su curso; eso y hongos y fósiles
murmuran en la playa abierta.
Cierta como relativa belleza se escurre, se sostiene en su imperio de sombrillas y jovencitos
que postrados frente al mar desatan miembros arenosos desde la furia varonil del lodo.
Eso y residuos de Bengala equilibran al mar cuando exhibe su amor de playa.
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