Una Gota

Una gota cayó en mis manos hace tantos años que he olvidado el  día exacto.

Se conserva intacta con la pureza del cielo, con el mensaje de los ángeles adentro.

No se evapora, no se rompe y me veo en el espejo de su alma cual si este fuera el ojo del universo.

La tristeza me invade al contemplarla,

tal vez porque me siento tan diminuta como ella entre las manos de la existencia.

Como una lágrima que nunca se secó, como un eco de agua  en el rostro del tiempo.

No se endurece, en diamante no se esculpe, ni  en suspiro de la tierra,

no reccorre el sendero del aire para regresar al río de la existencia acuática.

Una gota, como el plácido recuerdo del llanto de la creación al nacer,

remembranza del amor  primero que murió en el vientre del destino..

No se conturba en la árida aspereza de mis manos porque se sabe eterna vigilante y guía del dolor,

es la blanca sombra del ángel de la guarda cuando recuerda el pecado original,

sentencia de la cruz que cargo a cuestas y encierro en mis manos

En el viaje que mantengo por el desierto de mi  propio camino, ella, sólo ella me sirve de agua.

La cargo a cuestas, la hundo en mi alma y en su corazón,

la someto a las celdas de mis dedos solitarios y sus pantanos.

En el viaje que mantengo, ella, sólo ella me sirve de destino y reserva de recuerdos.

 

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