Un sueño

Bamburgh

Este cuento que estoy escribiendo no se deja contar pero trataré de ser preciso y buscar en los recuerdos de mis innumerables realidades la que corresponda.

En el lejano reino de Bernicia Deiria, en la mítica Albión, la magia había dejado de ser. El que en su momento llegó a ser el lugar más próspero del mundo conocido ahora se encontraba sumido en la más cruel desesperación. Nunca terminaré de arrepentirme de haber llevado ahí a ese monstruo; la mujer más bella que había conocido y que pensé era lo que el reino y mi vida necesitaba.

De hecho aún lo pienso y aunque no es más que un recuerdo, dejó una huella terrible en mi. Pero continuaré con mi relato.

Como narraba, esta era la tierra más hermosa que ojos humanos hubieran visto. El reino era poderoso, el ejército era innumerable y el mejor preparado de sus tiempos. No solo eso, sus ciudadanos vivían seguros, confiados y felices. Todas las actividades económicas florecían. Los campos producían todo lo que se les sembrara. La capital, Magicum era el centro de admiración y envidia. Una ciudad que desde lejos destellaba como la plata o como los diamantes.

De todos esos diamantes el que engasta mi anillo por si solo me podría dar una buena vida y podría salir de esta miseria en la que me hallo. Pero vuelvo al cuento.

El reino lo tenía todo pero sentía que yo, en lo personal, no. También era el sentir de mis ciudadanos y mi primer ministro me lo había hecho ver. Y mujeres no habían faltado. Se que deslumbradas por todo lo que les rodeaba quisieron en su momento ser parte de mi. Y aunque con algunas tuve una ilusión pasajera al final me dejaban engañado, defraudado y desilusionado. En lo material no hacían mella pero habían logrado que mi corazón no tuviera reacciones ya.

No se en que momento se apareció pero desde entonces quedé hechizado. Era de una belleza tal que sobrepasaba toda imaginación, pero no solo eso, su belleza interior era más grande aún. No sé si me dijo su nombre pero hasta la fecha no lo recuerdo.

Muchas veces he soñado con que en mi escritorio tengo una foto suya pero ni enseñándoselas podría describirles todo lo que vi en ella.

Regreso. Todo en ese romance fue tan intenso que cuando menos recordaba se efectuaban nuestras bodas en medio de la algarabía de toda Northumbria y los demás reinos amigos.

Si pensaba que mi vida era plena, a su lado lo era inmensamente más. Aunque esa felicidad resultó ser mera ilusión y de repente me recuerdo en una oscura prisión. Desde ella podía ver como todo lo que había construido se deshacía ante mis ojos. Como mi ejército se desmoronaba. Como mis leales se volvían contra mí o se alejaban. Como los campos se volvían fríos páramos. Y yo sin poder hacer nada. Me sentía atado de manos, débil e impotente a pesar de no tener ataduras y de que mi prisión no tenía rejas ni celador.

Me ha costado mucho tiempo de terapias pero creo que están haciendo efecto. He logrado sobreponerme y comenzar una vida nueva y tengo la ilusión de construir otro sueño. Y me alegro de no tener un retrato suyo en mi escritorio porque se que volvería a caer.