Un día en la vida del comandante Rojas

En la oficina del comandante Rojas.

— ¿Qué pasó con los malos, ya los están siguiendo, González?

— Estamos en eso comandante.

— Tenemos el tiempo encima, González; la vida del juez están en nuestras manos.

— Pero ya los estamos siguiendo comandante… aunque sea en el tuiter.

— ¡¿Cómo que en el Twitter?!

— Sí comandante, en el del pajarito, además, ya les mandamos una solicitud de amistad a su face de parte de alias pgr como usted nos dijo, solo estamos esperando que nos acepten.

–No te hagas el chistoso, en tres minutos quiero la información sobre mi escritorio.

Entra la secretaria a la oficina y le dice: comandante, ahí está otra vez la señora Isabel Pérez Sánchez, insiste en esperarlo hasta que usted la reciba; ya tiene la información que le pidió.

— Por favor, estamos en un caso de prioridad nacional y usted me sale con esto, dígale a esa señora que no la puedo recibir hoy…  ni nunca;  ¿quién autorizó que pasara?

–Usted comandante.

–Eso fue como hace  mil años. Ella cree que ha descubierto la conexión de muertes por causas aparentemente naturales y lógicas de personas comunes y corrientes, como parte de una conspiración internacional. Ve relaciones hasta en la sopa, su pasatiempo es armar rompecabezas; está loca, dile que se vaya.

En eso entra la señora Isabel.

–Buenos días detective Rojas, –el comandante se queda parado y muy serio le dice: ahora no puedo atenderla, tenemos un caso importante.

— No detective, este es más importante, –se sienta,  saca un folder y continúa– aquí esta la información tal como me la pidió, en columnas y por fechas, por cierto,  se acuerda de mi compadre Filemón, el que le platique que tenía  sesenta años  con cáncer de próstata, se lo dije ya se murió… pero todavía no le tocaba, esto comprueba mi teoría de una conspiración internacional.

–¡Ah sí! como la muerte de los estudiantes que en sábado por la madrugada se estrellaron al venir de un antro, o la muerte del bibliotecario que por líos de faldas fue muerto.  Mire señora, todos los días la gente muere, sufre accidentes, fallece por enfermedades; no quiera buscar conexiones en donde no las hay,  mejor tome un curso de detective privados,  encuéntrelos en google, adiós,  –entra la secretaria y le dice al comandante: ya  llegó la señora de las tortas, de qué la va a querer.

–Yo de huevo con chorizo y ¿usted comandante Rojas? –el comandante la toma de los hombro, la levanta,  la lleva a la puerta y mientras van caminando la señora le  va diciendo:  espero que esto ayude a prevenir las siguientes muertes, yo ya cumplí… –En eso sueña el celular de comandante, quien contesta: no hija, ahora no te puedo atender, háblame en la noche… no es verdad, sí me importas, pero… bueno, me colgó. –Imagínese, pobres personas –continúa hablando la señora Isabel– dedicadas a inventar algo  que nos pueda servir a todos y que otros los asesinen, no hay derecho. Todos los que están en la lista presentaron la patente de su invento y en el transcurso de un mes fueron muertos o fallecieron por diferentes causas, y lo raro es que a ninguno le dieron la patente, es más, de mi compadre Filemón, su esposa, nunca encontró los papeles en donde estaba la solicitud de la patente y no había registro ni por  internet, ni por ningún lado, es como si nunca lo hubiera presentado;  cuantas veces ha ido a la oficina de patentes no le hacen caso, yo la estuve acompañando.

En eso llega González corriendo con el comandante.

–Aquí están los datos que pidió,  –Rojas los revisa rápidamente y grita: ¡Es hoy!  de donde salió la información es de la misma fuente del caso que tuvimos en Zacatecas, ya saben cómo proceder, –pasa apresurado por donde está su secretaria y le da  el folder; ella le dice: qué hago con esto, –él responde: hazlo tiritas.

Al llegar en la noche a su casa el comandante Rojas se tumba en el sillón de su casa, prende el televisor para ver las noticias, se prepara un té, saca de una bolsa una dona y suena el celular, él responde: sí estoy bien, el atentado no pasó a mayores… ¿ya vas volando? y con quién se quedó mi adorada princesita… con su papá, qué lástima; espera voy a bajar el volumen a la tele, te escucho. –En las noticias se anuncia  “La Constructora La Casita Feliz, que ya ha sido multada en ocasiones anteriores, vuelve a infringir las leyes, esta vez le costó la vida a una persona de sexo femenino que pasaba por ahí al caérsele una viga; la señora de 55 años corresponde al nombre de Isabel Pérez Sánchez”. –Lo que me faltaba para terminar el día, –susurra el comandante y continúa hablando con su hija –no  hija, no es a ti, qué me estabas diciendo, –Rojas se incorpora  y le cambia la voz, –¿cuándo  lo llevaste a la oficina de patentes?… ¡Hace un mes!… Sí claro que me acuerdo, dijiste que ibas a cambiar el mundo , al menos ibas a dejar sin chamba a los petroleros, pero no funcionaba, entonces lo arreglaste… Sí estoy sorprendido… ¡¿Pero que no encuentras los qué?!

FIN