Pavimento

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Cansado de la vida, los parpados como bolsas de agua recaen sobre mis mejillas… Adolorido de las rodillas y con el corazón trabajando como si no hubiera mañana. La sangre corre por mi cuerpo, apresurada y delirante, junto con el alcohol… Se abrazan. Sudando gotas gordas… Recorriendo millas cortas… a plan de vuelo, me tiro en el piso y extiendo mis brazos como queriendo volar… Esperando que algo me quite el dolor de tanto andar. Mi alma se despide de mi cuerpo, me dice adiós mientras se ilumina con un enorme letrero. Pase usted reza en el enorme vidrio, me seduzco por la música que toca en el momento… Una sonata ligera me deposita en el asiento, y muevo la cabeza como comprendiendo aquellos cuentos de ebrio. Una mujer me ofrece sexo, entrego lujuria que resta de mis venas para que se entretenga en el cuarto negro… mis ojos bailan con las caderas de aquella mujer solitaria, triste en su interior remojado. Alegre en su imitación de danza de cortejo.

A bailar, a dormir y a sufrir… A bailar, a dormir… y aquí me he quedo a morir…

Salgo de aquel lugar tarareando un lamento, despidiéndome del mundo que abraza mis pies de plomo. De aquí para allá, sin lugar fijo y sin ver donde quedarme a descansar. Miro un lugar conocido, aquel vagabundo que descansa en la esquina, por la tarde lo vi riendo. De miseria se ríe. De miseria queda dormido… Dormir es lo que ando buscando… me acomodo a un lado suyo, quitándole su abrigo.

A bailar, a dormir y a sufrir… A bailar, a dormir… y aquí me he quedado a morir…