Otro cuento de reyes

−Mira mamá, ahí vienen en caballos sin adornos, los mensajeros del nuevo rey, ¿qué dirán?
−No lo sé hija, tu padre no nos ha dicho nada, y eso que es el ministro de Artes del rey, además, el rey Bonifacio IV apenas lleva 9 días de muerto.
−“Edicto número uno del rey Bonifacio V: Se prohíbe toda actividad que tenga que ver con el arte; se desterrará cualquier manifestación artística en este reino; música, danza, pintura, escultura, teatro, literatura. Se entregarán todos los instrumentos que estén relacionados con las artes, como pentagramas, instrumentos musicales, máscaras, ropaje, cinceles, lienzos, pinturas, etcétera para ser quemados el día de mañana a media noche. Quien desobedezca será ahorcado inmediatamente. Ahora solo se gastará en alquimia, matemática, astronomía, filosofía, medicina, técnicas de guerra, etcétera. Será un reinado de progreso, de productividad, de mucha ganancia de monedas. El reino abrirán lugares para que los adultos estudien estos conocimientos, y en las escuelas para los niños, será lo mismo.”
−¡Mamá, en seis meses vamos a celebrar mis 15 años!, y mi papá me está haciendo la música, ¿ya no va haber fiesta?, y el bebé que estás esperando, ¡va a vivir en un mundo sin música, sin teatro, sin nada!
−No lo sé Doris. Esperemos que llegue tu papá.
Cuando llega el papá a la casa, les dice:
−Lo temía, pero no pensé que fuera a dictar una ley así; el príncipe nunca tuvo habilidad para alguna arte, no sabía apreciarlas, y su papá tanto que amaba el arte lo traumó, y ahora él se desquita con todo el pueblo.
−Y, ¿lo intentaron persuadir?
−¡Claro que sí!, pero está enfermo de odio y de poder, nunca ha podido sacar ese odio, y es demasiado cuadrado, no se le ocurre más que mandar a matar y ya, no tiene creatividad en nada, además se deja manipular por su amigo, que ahora es el primer ministro, no se da cuenta que le alimenta el odio, porque no sabe conectarse con sus verdaderos sentimientos, entonces, toma lo que le presenta su amigo. Es un príncipe sin perseverancia, sin vencer retos, sin seguir adelante aunque los resultados no sean inmediatos; es como cuando aprendes a tocar un instrumento. Ni creas que el príncipe, digo, el rey está muy convencido sobre la ciencia, progreso, o que todos estudien. Nunca fue tan bueno en la escuela, le faltó algo. “El rey sin instrucción arruinará a su pueblo, la ciudad se edifica sobre la prudencia de los dirigentes.” Ahora tiene el poder, y habla en serio con eso de mandar a matar a quien lo desobedezca.
−¡Y tus composiciones, y tu trabajo, qué van a pasar?
−No lo sé, pero hay cosas más graves que están en juego… un pueblo sin arte, sin música, sin poder expresarse, sin dejar salir sus sentimientos, sus sarcasmos, sus tristezas, sus alegrías, su creatividad, su legado, nos va llevar a… no sé a dónde, pero ciertamente, no será al progreso, o a un pueblo contento y en paz.

2 años después. Llega el ahora el ministro de educación a su casa.
−Mujer, ¿qué te dijo el médico de la tristeza Doris?
−No es la única, hay muchas jóvenes, niños, bebés de este reino que están enfermos. Me dio muchos frascos para que los tome. Pero, no es la solución. ¡Cómo no van a estar así!, vivimos en un mundo en blanco y negro, sin sonido, sin ritmo, sin alegría. Tú siempre enojado, de malas, y yo, sobreviviendo, con miedo a que si canto, o bailo, y me descubran y me manden a la horca. No hay para cuando cambie esto. ¡Hagamos algo, por favor!
−Sí, te lo prometo. Veré que puedo hacer; hoy convocó el rey a reunión.
En la reunión el rey Bonifacio V les dice a sus ministros:
−¡Cómo es posible!, ¿qué está pasando?, ¡estamos exportando granos, nuestros niños están en los últimos lugares en los concursos de conocimientos de ciencia, en las competencias físicas no hemos ganado ni una sola medalla, tenemos el peor ejercito de la historia, no hemos progresado nada. Los voy a mandar a ejecutar a todos ustedes, no sirven como ministros.
−Su majestad –le dice el ministro de educación−, no es nuestra culpa, ha dictado una serie de leyes que en lugar de favorecer al reino, lo han perjudicado. Ha mandado a ejecutar a una sexta parte de la población, se han hecho decenas de redadas de tertulias de arte, y se han desmantelado al menos una veintena células de mercado negro de arte, ha habido una migración de varias familias que eran buenas productoras de granos, y de leche. Nuestro reino es el más enfermo, desolado, estresado de todos los alrededores.
−¡Cómo te atreves a echarme a mí la culpa. Se me hace que nos están haciendo “mal de ojo”, o hay complot de traidores, o tenemos gente infiltrada de otros reinos que nos están bloqueando nuestros objetivos, o estamos viviendo las consecuencias de los errores de mi padre, el rey.
Fin