Los Días del Porvenir

Tengo a mi sombra sujeta a las cuerdas de mis ojos y la lanzo a los días del porvenir

como quien empuja a un moribundo al precipicio.

La sujeto pero ella cae, se salva a duras penas y transita el tiempo en río

saltando por sus piedras.

Llega al corazón del desierto, agua, viento, fuego y tierra le abren sus caminos

y al mirar al sol un águila pasa llevándose sus ojos.

 

Veo los días venideros con sus huecos y negros ojos, sin agua,  viento, fuego y tierra,

sólo caminos de polvo que el vacío levanta con su abanico de plumas, cuervos se agitan y mueren

gárgolas en el umbral recóndito del tiempo mudan sus plumas de piedra.

 

Me sujeto pero caigo, me levanto y ando agarrando el esqueleto del sol.

Los ángeles apuestan mi destino y en las cartas que barajean se dibuja el incierto As de corazón negro

y el tiempo se bebe por ellos el alcohol destilado de la luna.

Sólo hay un número probable en mi futuro y eres tú con tus ojos de enigma dibujado

símbolos sobre la baraja.

Habra canas de sol o de luna trenzando antorchas en los viejos caminos.

Los caminos son viejos, viejos recostados como alfombras de polvo en la levedad del universo

que muestra sus joyas en el himen abierto de la tierra?

Habrá ángeles, ángeles que agujeran el polvo del destino y vierten en ellos sus canas con sus bastones de navajas?