La venda en mis manos

¡Qué!, ¿nadie ha visto por las calles, zombis con ojos femeninos y mordazas en las ideas propias!, o, ¡fenómenos de caderas anchas, con grandes chipotes de ideas propias tratando de crecer en pieles limitadas!

¡Quien dijo que la mujer es el ser que más habla!, si el tuétano de sus propias palabras se va reduciendo dentro de sí hasta acabar por salir por los intestinos.

Muchas mujeres viven una tensión asintomática femenina entre buscar quitarse la venda, y luego, sin saber porqué, volvérsela a poner.

Hay días que siento el aire fresco, como un papalote que gira y gira, hasta que la mano que lo sujeta empieza a enrollar el hilo y lo regresa a los límites establecidos.

Nadie que no sea mujer, puede escribir la historia de otra mujer que murió asfixiada en su propia historia, aunque, ella siga caminando cada día, de su mal pagado trabajo a su quehacer doméstico.

“El que tenga oídos que oiga.”