lA PANDILLA DE LA VECINDAD

“No es posible que Juancho no acepte ser mi amigo en face. Ya llevo muchos intentos y nada. ¡Como si no me conociera! Ahora que es doctor en Física Cuántica y que trabajó en el CERN ya se olvidó de los cuates de la vecindad. Le voy a decir una experiencia que no podrá negar que me conoce; nadie lo sabe, más que los que éramos de la pandilla. Ninguno de los otros tres de la pandilla me acepta como amigo, y, ¡tanto trabajo que me costó localizarlos! Estoy decidido a que vengan a mi fiesta de 70 años, aunque les pague su viaje, y que platiquemos de esa experiencia.

“Cómo olvidar esa tarde, último día de vacaciones, en que Juancho nos dijo que había encontrado, en el patio trasero de la vecindad algo raro, ahora sabemos que eso podría haber sido un portal dimensional, pero en 1960 y para chicos pobres, eso era desconocido. Cavamos toda la tarde y en la noche nos aventuramos a ir. Emergía de ahí una resistencia invisible, metíamos la mano y no podíamos bajarla, incluso arrojamos un zapato viejo y éste flotó, no se cayó. Al principio nos dio miedo y nos persignamos muchas veces, pero luego, Juancho fue a traer un libro despastado en que se hablaba de energía, hoyos negros, puertas dimensionales. Nos dijo Juancho: “chiva el que se raje, vamos a entrar ahí.” Y no sé cómo supo que podíamos pedir a qué dimensión ir, yo, sin saber sobre esto, dije que quería ir a la dimensión de ver que había en la cabeza de mi padrastro que llegaba casi todas las noches borracho y golpeaba a mi mamá y la forzaba a… No entendía qué tenía en la cabeza un ser humano así; y también, ir a la cabeza de mi mamá para saber por qué se dejaba, por qué no se defendía; eso era lo que más me interesaba saber en la vida. Cada uno dijo a la dimensión que quería ir, eran dimensiones de lo que vivíamos día a día; nadie, ni sabíamos que podíamos ir a dimensiones paralelas, o del pasado, futuro, o de espacios diferentes al nuestro. “Mi experiencia fue haber visto muchas heridas psicológicas supurando pus muy verde dentro de ambos; mucho orgullo endurecido en las paredes del corazón de mi padrastro, y mucha baja autoestima saliendo de todos los poros de la epidermis de mi madre. Me horroricé y haciendo un sobre esfuerzo me concentré en salir, y salí; al igual que Juancho, el ratón, el chanoc, el kalimán, pero no Piedrín, el hermano menor de Juancho. Nos fuimos corriendo a nuestras casas, pero Juancho se quedó ahí, diciendo que iba ir por su hermano a la dimensión que él pidió ir. Al otro día, nos fuimos a la escuela y nos enteramos que Piedrín se lo habían llevado al hospital, estaba inconsciente, y en dos días murió… jamás volvimos hablar del tema. Juancho tapó ese hoyo, le echó la basura que tenía; poco tiempo después vendieron la vecindad, nos corrieron de ahí y no nos volvimos a ver. Sé que pavimentaron el patio y ahora es una plaza comercial. Toda mi vida trabaje duro para tener mucho dinero y poder comprar ese lugar, pero nunca me lo vendieron. Ahora, me asalta la duda de saber si eso fue real, o lo inventamos, soñamos, o algo así. La muerte de Piedrín pudo haber sido por otra causa, no sé, tal vez se cayó y se pegó en la cabeza, un derrame interno; o algo lo asustó y estaba enfermo del corazón y le dio un infartó. Nosotros nos fuimos corriendo y no supimos que pasó. Por eso quise contactar a la pandilla, pero nadie me acepta como amigo. Me encantaría saber la verdad y ya, como dice: “la verdad os hará libres.” Voy a volver a contactarlos, y preguntarles si se acuerdan de la experiencia, o… convencerme de que esto nunca pasó.”