La Bell- Mère

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Ayer  se me ocurrió pasar  una vez  más por esa calle que me trae tan malos recuerdos, si me guio por lo que dice mi psicoanalista es que  soy una verdadera masoquista que no tiene arreglo, si me guio por la opinión de mis amigos es que estoy intentando enfrentar a mis fantasmas para eliminarlos, ¡no sé! Quizás ambas ideas son válidas, lo que si les puedo asegurar es que en mi mente no había espacio para malas intenciones ni tampoco estaba buscando encontrarme con viejos conocidos.

Caminé despacio porque  quería recordar mis huellas en la acera, esos pasos que seguramente el pavimento guarda en su memoria, quería recordar mis risas de adolescente archivadas en las paredes de las casas  y es que esa calle que se recorre en tan solo cinco minutos y que para muchos es el puente entre el hospital y el mercado, para mí significa lo peor.  Conforme me iba acercando a la casa de mis torturas psicológicas me empezó a faltar  el aire y por un  momento parecía que me iba a desmayar, incluso una señora me dijo_ ¿Está bien señorita? ¿Quiere que la acompañe? Seguramente mi rostro reflejaba un estado muy deplorable. Después de unos instantes de agonía mental pude recobrar las fuerzas gracias a la voluntad y a las  palabras de mis amigos ¡Es solo una calle! ¡Nadie, ni mucho menos ella pueden hacerte daño! Esas  palabras  resonaban en mis pensamientos mientras me incorporaba para llegar a la esquina y doblar rumbo a la dulcería que durante muchos años frecuenté.

Para poder  tolerar las imágenes del pasado que me acechaban constantemente me entretuve mirando  las casas y sus diseños arquitectónicos y así aprovecharía para poner en práctica mi profesión de Esteta que ya hace mucho tiempo que no ejerzo. En un arranque de valor me paré frente a La Casa del Demonio, así la nombré por mucho tiempo antes de ayer, que me atreví por primera vez a observarla objetivamente  y  me llevé una sorpresa de esas que nadie se espera.

La casa de mis pesadillas estaba rodeada por una multitud de curiosos, por la prensa, por la policía y por más de una ambulancia. Me aterroricé _ ¿que estaría pasando? ¿Se habrían muerto? Alguien me interrumpió  como  captando mi expresión  de duda_ Eso que ha pasado en esa casa no pasa todos los días, la noticia va a llegar lejos, posiblemente al Papa_ ¿qué pasó? Le pregunté con la curiosidad que ha matado a un montón de gatos_ La   dueña de la casa, una tal fulana se ha convertido en una cosa muy extraña, ni siquiera se podría decir que un monstruo, eso sería decir demasiado, se consumió_ ¿ Qué?  Y me metí entre la multitud de chismosos que no dejaban a los paramédicos respirar.

La puerta de la casa estaba sellada  con cintas de seguridad,  las ventanas tapadas con bolsas negras y del interior emergían los sonidos de un perro hambriento, posiblemente olvidado desde hacía mucho. La gente de mi alrededor estaban tan espantados como yo_ ¿Qué enfermedad es esa?_ ¿Te acuerdas que era muy hermosa?_ ¿Y su hijo, por qué no está aquí? _Su hijo se casó y se fue de la casa,  tonto ¿en qué planeta estás? Eran tantas voces que empecé a sofocarme otra vez, pero mi curiosidad venció a mi fatiga ¿Que le habría pasado a esa bruja del demonio que por tantos años me persiguió en mis pesadillas? Me fui abriendo paso entre todos, diciendo que la conocía, que era una vieja amiga de su hijo y me resultó, pues nadie quería acercarse a esa cosa. Llegue al pie de la camilla y levante la sábana que la cubría  ¡Qué espanto Dios mío! Lo que estaba frente a mí era una pasa, literalmente una pasa, toda arrugada, minúscula,  apenas si  se le distinguían   los ojos perdidos en aquel cuerpo deforme y reducido a  la nada, pensar  que sus ojos eran una belleza, realmente capaz de seducir a cualquiera, incluso a mí que sabía la maldad que ocultaban y ahora no  se le distinguían ni los brazos ni las piernas, ni mucho menos sus atributos de mujer, estaba consumida y por un momento sentí lastima, nadie con un poco de corazón desea semejante  castigo para alguien. Ante aquel impacto no pude decir nada,  por la expresión de mi cara  los médicos supusieron  que sí la conocía y que la quería, aunque aquello era irreconocible, bien habría podido confundirse con la pasa de un helado.

Después de mucho  batallar por fin los médicos pudieron apartar a los chismosos y subir la camilla a la ambulancia, uno de ellos me dijo con voz intranquila _ ¿Nos acompaña o no? No se encuentran sus familiares,  no le contesté, sin pensarlo mucho me subí y la ambulancia arrancó rápidamente con las sirenas prendidas. El viaje no duro casi nada pues  a la vuelta de esa calle se encuentra el hospital, no se para que invirtieron tanto tiempo en sacar una ambulancia si habrían podido cargarla y correr llegando mucho más rápido, quizá para hacer más notorio el escándalo. En esos tres o cuatro  minutos de camino observe con detalles la forma de aquella cosita que se perdía  en la camilla, estaba amarrada para que no se cayera, entonces recordé como era en mi memorias;  era bajita pero como siempre se mantenía muy derecha se veía mucho más alta, su cuerpo era elegante y al mismo tiempo sensual, su piel suave  por la que caía una hermosa cabellera negra  que invitaba a todos los hombres a deleitarse con su olor,  su piel siempre estaba acompañada de buenos perfumes y a pesar de sus años se conservaba muy joven , pero nada de eso era más bello que sus ojos  color verde botella que fijaban su mirada  dejándote sin aliento. El corazón se me desgarraba  viéndola en aquel estado tan insignificante, la toqué en lo que seguramente algún día fue su cabeza  y la acaricié, a nadie le gustaría sentirse solo en un momento como ese.

Llegando al hospital el conductor de la ambulancia me miró con tristeza_ Señorita, haremos lo posible por salvar a su amiga, aunque lo más probable es que su vida se reduzca  a un frasco,  no se ha analizado su enfermedad,  por los síntomas se nota que es degenerativa, no vamos a poder rescatarla de ese estado, lo más que podemos lograr es alargarle los días si sus familiares deciden cuidarla hasta que su minúsculo corazón deje de latir. Yo no tenía palabras con las que contestar,  lo único que hice fue seguirlos hasta el quirófano y cuando la puerta se cerró tras de mí, me senté en la sala de espera por si llegaba Fernando informado de la terrible desgracia de su madre.

A mis 15 años la conocí, en aquel entonces ella ya tenía como 40 o 41 años. Fue en el bautizo de Mariana, su sobrina cuando Fernando me la presentó, que a su vez me llevaba a mí para presentarme ante ella como su novia  oficial. Fernando tenía 20 años  y yo era como su quinta novia o algo así, pero  para mí él era el primero y el último. Estaba muy enamorada de ese joven con cara de bonachón y con lentes de gran aumento. Fernando no veía casi nada sin esos lentes que lo acompañaban día y noche  y por eso todo lo que no veía lo tocaba, era su forma de reconocer el mundo y tal vez  lo que más me había aferrado a él. Aún después de 15 años mi cuerpo se desvela  añorando sus caricias. Nuestra historia de amor no parecía tener  un  final, la verdad es que yo me visualizaba en el altar junto aquel hombre de mediana estatura, cabello rizado y pequeños ojos,  estoy segura que mis sueños se hubieran hecho realidad  de no haber sido por su madre.

Desde el primer momento le caí como una patada en el estómago a aquella mujer divina, digo divina porque todas las miradas estaban posadas en ella, el vestido con el que mejor la recuerdo es uno negro, largo, con un gran escote en la espalda por donde caía su cabello negro aterciopelado que a cada uno de sus pasos hipnotizaba a los presentes de cualquier lugar. No entiendo porque me odió, un odio que nunca sembré,  pues yo la admiraba y para nada mi belleza juvenil se comparaba con la de ella que ya era una mujer en todos los sentidos de la palabra. Pero el caso es que lo hizo, me detestó desde que me  vió  con mi morralito tejido y mis botas de charol rojo que por aquella época usaba del diario.  Siempre que llegaba a su casa se estaba maquillando y arreglando para salir con un pretendiente diferente, eso era casi todas las semanas, salía de su cuarto como una reina con vestidos carísimos y con las mejores cremas untadas en la cara. Yo totalmente encantada la alababa, casi como si le fuera a pedir un autógrafo y en varias ocasiones me metí en su cuarto a observar  sus  aretes y pulseras que guardaba en su tocador, claro, sin robarle nunca nada, sabía que a mí esas cosas no se me verían tan bien como a ella.

Solamente estuve dos años con Fernando, el primer año fue maravilloso porque ella salía constantemente a pasear con sus novios y nos dejaba solos en la casa. Nosotros como niños  nos poníamos a correr y a jugar a las escondidas hasta que nos encontrábamos para comernos a besos. En una ocasión, me escondí en el closet de ella  y cuando Fernando me encontró , ahí mismo me hizo el amor dos veces seguidas, en ese juego se ensuciaron  dos de sus vestidos más apreciados, gracias a Dios nunca pudo probarnos nada aunque estoy segura sospechó por mucho tiempo el origen de esas manchas blancas que curiosamente no se pudieron eliminar ni con una  botella completa de Suavitel.  Ese primer año fue increíble, el mejor de mi vida, pero el que le siguió fue el peor. Mi hermosa suegra comenzó a tener  problemas severos de salud, ya no podía acostarse igual con sus novios porque los dolores en su pelvis la tumbaban, a causa de una enfermedad  extraña, de la noche a la mañana  dejó de salir. Se pasaba los días  enteros encerrada en su casa leyendo La Biblia,  El Bhágavad-guitá, El Corán, La Torá y cuántos libros religiosos pudiera conseguirle el repartidor de libros que la visitaba todos los miércoles a las tres de la tarde  y con el que pasaba largas horas en su alcoba traduciendo los significados divinos de esas escrituras.  Al no poder salir esa gata tan  acostumbrada a merodear por las noches los callejones del placer, comenzó a ponerse histérica, cada vez que tenía un dolor y que eran muy frecuentes obligaba a Fernando a quedarse con ella, el pobre, le tenía que leer La Biblia para que se durmiera y después quedarse a velar su sueño. Dejé de irlo a ver,  pues ella no soportaba que llegara con mi vocecita a saludarla, mi vocecita que según  ella demostraba gran salud física. Fernando en varias ocasiones  me dijo_ Entiéndela mi amor, siente que se muere y tú estás llena de vida, nos vemos hasta la próxima semana y la próxima semana se convertía en un mes o en dos, mientras yo me quedaba esperando todas las noches  hasta las tres de la mañana  que mi  novio se dignara a llamarme. Reprobé el segundo año de prepa a causa de esas desveladas pero no dejaba de querer a mi chico, tal vez  lo  quería mucho más en esa situación  porque tenía la certeza en mi corazón de niña que él me amaba y que sí tenía paciencia las cosas se acomodarían. No se acomodaron, el destino tenía preparada la jugada maestra.

Un día   después de tres meses de no saber casi nada sobre Fernando, llegue con un ramo de flores a visitarlo, las flores eran para ella, un fino ramillete de tulipanes que pude comprar gracias a que siempre he sido muy ahorrativa. Me encontré la casa abierta y supuse que podía entrar, lo hice  con toda la alegría del mundo y el ramillete  se  me cayó al piso cuando volteé  hacia el sofá de la sala y  ví a un  hombre como de unos 35 años,  rubio  y con cuerpo de modelo hablando por teléfono casi desnudo , solo tenía puesta  una tanga rosa fiusha que le tapaba sus  genitales.  Se asustó igual que yo al verme  o al menos eso creo porque se levantó de prisa como buscando sus pantalones, yo estaba con la mente en blanco y con los ojos más abiertos que nunca. El  tipo se metió  corriendo al cuarto, se escucharon unas voces peleando en el interior de la recamara que la verdad no entendí muy bien, mi suegra estaba adentro y muy enojada seguramente porque yo había presenciado aquella escena. Después de unos minutos  el hombre volvió a salir pero esta vez abalanzándose contra mi pecho. De nada sirvió que intentara huir, mi suegra había cerrado la puerta  y eran dos contra mí. Aquel tipo no me violó pero los besos y apretones que me dió bastaron para que me mi vida se destrozara. Mientras el me besaba fingiendo que estaba teniendo sexo conmigo mi hermosa suegra nos tomaba fotos. Esa galería fotográfica la divulgó con todo el vecindario, con Fernando y hasta en una página de internet  de mujeres traicionadas que pudieron descubrir a sus esposos in fraganti. De la noche a la mañana mi reputación quedó hecha trizas. La historia que corrió por todos lados fue que  yo había  llegado la casa de mi suegra y al ver a su novio  casi desnudo me exité  tanto que no pude controlar mis impulsos y me abalance contra él. El hombre débil ante la tentación  se volvió una víctima de mi seducción sin poder frenar sus instintos más carnales, según las habladurías no me importó que fuera la casa de mi suegra ni que su hijo fuera mi novio y si eso es poco,  hasta se sospechó que llevaba un rato vigilando al hombre saliendo de la casa de mi suegra y que al gustarme tanto decidí fraguar un plan para estar con él.

Los dos me levantaron una demanda, ella por ultrajar su propiedad y  su amante por acoso, aunque  sus pruebas eran insuficientes, buscó tantos testigos que la policía terminó creyéndole y a mí me sancionaron con una multa y la restricción de no volver a pisar ni su casa ni su calle.  Fernando al enterarse dejó de hablarme,  aunque nunca más nos vimos me enteré de muchos acontecimientos de su vida  por las historias que me contaban  algunos amigos que teníamos en común, hace un año más o menos  supe que se había casado con una mujer 20 años mayor que él, muy adinerada y que su actual hogar se encuentra  en Villa Encantada, un fraccionamiento de ricachones . Después que desaparecí de su vida el volvió a tener muchas mujeres pero todas huían de su vida cuando se enfrentaban a la mayor prueba de fuego  ¡Su madre! Ella se recuperó de salud y volvió a su rutina nocturna, cada año nuevo se veía más joven que el anterior, hasta llegó a circular el chisme de que había hecho pacto con El Diablo como Dorian Gray, yo nunca me tragué ese cuento, tenía dinero y tiempo para conservarse comprando las mejores cremas y usando tratamientos ingleses contra el envejecimiento, de todos sus amores sacaba provecho, a uno le robó un restaurante que por un  tiempo fue  bastante reconocido en la zona de los burgueses. Todo ese paraíso le duró bastante y frente al espejo por 15 años fue una Venus de Milo a pesar de  que ya casi rayaba en los 60 años.

Divagaba en mis pensamientos cuando el cirujano vino a avisarme que habían terminado la operación _ Señorita, tuvimos que remover todos los órganos de su amiga para poder salvarla, su corazón se redujo tanto que si no hubieran hecho esa llamada de emergencia ya estaría muerta, sabemos que es mujer  porque buscamos su historial pero su sexo no  está definido.  La enfermedad que padece fue provocada por un gusano que se chupa la piel humana  secando o reduciéndole sus tejidos, si  lo hubiéramos detectado antes no estaría en ese estado, es un gusano muy  voraz, lo ha de haber adquirido en otra región porque en este clima no se puede reproducir, se llama  Devorfilius  y está prácticamente extinto _ Pero Doctor ¿quién hizo la llamada?  _ Lo único que sabemos es que fue una mujer, no quiso dejar sus datos personales, solo nos dió la dirección a la que teníamos que llegar advirtiéndonos que era un caso urgente.

Cuando vieron que no llegó nadie a recogerla  me incitaron a  llenar un formulario firmando que yo me hacía cargo de la paciente, traté de localizar a Fernando pero no contestó así que tuve que hacerme responsable a regañadientes de esa cosa.  Los médicos habían terminado su trabajo y ahora todo dependía de  como la cuidaran sus familiares, en este caso yo. Me la entregaron en un frasco conectado a un suero y  a un pequeño tanque de oxígeno al que debía conectarla hasta que mostrara mejoría. Llegue muy tarde a mí casa, ya eran como las 8: 00 pm cuando abrí la puerta, avente mi bolsa, puse el frasco en la mesa y me tiré en el sofá a observarlo.

¿Cuánto podría sobrevivir en ese estado? ¿Y para que sobrevivir si jamás volvería a ser lo que algún día fue? ¿Me estaría escuchando? ¿Que preferiría, morir y terminar con su agonía o permanecer muerta en vida? Después de tanto taladrarme la cabeza con esas ideas, me acerque al frasco donde la pasita con sus pequeños ojos me miraba, parecía decirme_ ¡Mátame! ¡Ponle fin a esta agonía! Ante aquella revelación me dirigí envalentonada al congelador, saque el helado de fresa que había comprado hacía dos semanas, extraje sus pasitas y al compararlas con mi antigua suegra vi que eran casi  iguales, excepto   que mi  ex suegra era un poco más grande así que la saque del frasco y la revolví con sus hermanas  dentro del helado y sin escuchar más a mis remordimientos me lo comí antes de que se echara a perder. Hoy me desperté  muy tranquila y con muy buena digestión así que estoy completamente segura que esa era  la última voluntad de mi querida Bell Mère.

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