Juan y su ensayo

En la sala de espera de los 4 consultorios del Centro de Psicología Grant y Asociados, se encuentra Juan, un estudiante de psicología. Abre la puerta el psicólogo Grant y le pide a Juan que entre y dice
−La psicóloga French y yo tenemos que salir como un momento, y los otros psicólogos todavía no llegan. Por favor Juan entretén a los pacientes.
−¡Y yo, cómo los entretengo?, yo solo vine a que me contestara un cuestionario para hacer mi ensayo sobre la interpretación de la realidad. Y van tres veces que me dice que no me puede atender. Doctor, no se vaya. Bueno… ya se fue, voy a ver qué invento. ¡Son como 12 personas de todas las edades!
Juan, sale del consultorio, se sienta al frente de las personas, y les dice mirándolos a los ojos.
−Tengo cáncer terminal. –Todos los que están ahí lo voltean a ver, incluso la recepcionista, se oye un profundo silencio, una de las pacientes de aproximadamente 50 años, interviene.
−Pobrecito, qué mala suerte, todo el mundo tiene cáncer o tiene un familiar con cáncer, es la peste de estos tiempos, todo gira alrededor de esta horrible enfermedad, es muy triste la vida, los que los cuidan se acaban, sufren mucho, se gastan todo el dinero, y duele lo indecible…
−¡No! −le contesta otro paciente, con tono alterado−, de algo nos tenemos que morir. Es un proceso natural. La vida no es triste, es neutra –voltea a ver a juan−. ¿Tienes servicio médico, joven?, ¿viene por atención psicológica para enfrentarlo? –Pero antes de que Juan pudiera contestar, otra paciente de mediana edad interviene.
−¿Qué habrá hecho en su vida anterior, joven, que tiene un karma tan feo!, todo se paga.
−Usted tiene mucho rencor, cuando lo saque y perdone, se sanará. Así funciona la vida, es bonita, pero, a veces se torna como un proceso de purificación y aprendizaje, algo bueno tendrá que salir de ahí. –Le comenta una señora tocándole el hombro.
−Qué, qué le pasa. Es que estoy chateando con mis amigos. Pero díganme qué le pasa, para buscar la solución en google. –Susurra un joven de aproximadamente 18 años, sin dejar de ver su móvil.
Hijo, en tu enfermedad, no seas negligente, sino ruega al Señor, que él te curará. Aparta las faltas, endereza tus manos, y de todo pecado purifica tu corazón. –Dice una señora sin dejar de leer su biblia.
−Yo si fuera tú me suicidaría, y me evitaría tantos problemas. –Comenta un joven con mirada triste.
−Pues, yo no sé qué decir. ¿A qué hora llegan los psicólogos? –Dice un señor, manteniéndose parado.
−Gracias a todos por sus palabras, no deben tardar los psicólogos, voy al baño.
Se volvió a hacer un profundo silencio, y luego cada quien volvió a lo que estaba haciendo. Cuando llegaron los psicólogos, Juan le dice al psicólogo Grant.
−Ya me voy.
−Espérame, después de este paciente te atiendo.
−No es necesario, ya sería la cuarta vez que me hiciera esperar, además, ya tengo la información.
−¡Ya la tienes?
−Sí, gracias por todo.
Fin

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