Hambruna

“Echar de menos es un poco como el hambre. Sólo se pasa cuando se come la presencia”.
Clarice Lispector.

¿Cuándo el vacío
se convierte en mariposa?
En el hambre
gorgojo de la ausencia
en el hambre
lluvia desértica del alba.
En el rugir de la tripa clara
hay un clamor de la sangre
a su esencia,
una carencia del pesar
en la vitalidad arcana.
¿En dónde se busca el alimento,
el alma y la carne?
cuando se habita en tierras áridas
cuando las manos plantan
frutos oscuros,
recuerdos, lutos
del mar y el aire
puño de tristezas
mal plantadas.
Mi mano, como garra tiesa
recoje las hebras
del tiempo distante
las pela, las lava, las seca
a todas las penas
como frutas amargas
en llanto lavadas,
y por el suspiro secas.
Divido en gajos
al abril de oro
a la fuente de mi dicha
partida en mil rodajas.
Acomodo el vértigo
en el plato hondo,
a la primavera que no comí
a mi hambre no saciada,
en el cariño de la ausencia,
en el deseo de la carne imaginaria,
que en reproche evaporada
en lujuria se consume.
Vivo su riesgo salino ahora
su místico sabor callado del alma
por suplicio de su cadera llana
del recato de planta no bebido.
Bebo el néctar de los espíritus
el recuerdo de una boca,
que hierve en mi paladar
en la palabra no dicha
en la palabra rota
sobre su lengua de tibia fruta.
Así devoro su imagen gratinada
bebo el sopor de la espalda fría,
los juegos perversos del alba
que fatal el tiempo se llevó.
Pero ebria de realidad
sedienta de escenarios imposibles
me resigno solemne y bruta
al suplicio dulce de la hambruna
a la ausencia liberada y limpia.

…El sol que en sus manos florece
cayó cual copa de vino majestuosa.