Hackers, héroes y villanos anónimos

−¿A qué juegas hijo? –dice la mamá de Albertito sin dejar de ver su móvil.
−Soy el super héroe anti hacker anónimo.
−¿No se te hace muy largo ese nombre?, Albertito.
−Bueno, entonces, soy betín, el terror de los hacker anónimos.
−Cómo quieras, ¿es un nuevo juego de esos como el Royal?
−No mamá, ¡cómo crees, esos ya pasaron de moda! Ahora, todo es real. Robos de bancos, guerras mundiales, acciones de la Bolsa de Valores.
−¡Pero, tu apenas tienes 9 años! ¿Qué sabes de esos temas?
−Ya no me distraigas, estoy en una negociación con un país de Asia, yo les puedo decir cómo contrarrestar el virus que está afectando a sus… espera… ya lo detecté. ¡O no, ya me cacharon! ¡Al super héroe anti hacker anónimo nadie le gana! Piensa betín, piensa… Ya está, 1, 2, 3, lo logré. Ahora sí, qué decías mamá. ¡Mamá, ya te fuiste? –le grita−, me podrías hacer un hot dog, tengo hambre.

En el hospital infantil, se encuentran Albertito y sus papás. Éstos están hablando con el doctor.
−Doctor, ¡cómo está mi hijo?, ¿se va a aliviar?, ¿cuál es el diagnóstico?, él es un niño muy sano, bueno, no hace mucho ejercicio porque se la pasa en sus móviles, pero nunca se nos había enfermado.
−Les voy a ser franco, tiene es una enfermedad muy rara, y muy actual. Ya se le hicieron todos los estudios, y no presenta afección alguna visible, pero puede morir. Ahorita la prioridad de investigación es esta enfermedad, porque está cobrando la vida de muchos niños y adolescentes. No sabemos si es contagiosa. Solo lo tendremos en observación, hidratado, y con analgésicos.
−Mire doctor, a mí no me interesa si se mueren todos o no, o si está en prioridad de investigación, no estoy dispuesto a quedarme de brazos cruzados esperando a que muera, y sea un punto más en su inútil estadística. Voy a entrar a verlo y me lo llevo; al fin que no hay algo concluyente de que sea contagiosa o infecciosa su enfermedad.
−Mire señor, no puede hacer eso, ya está reportado a la Secretaría de Salud, y no van a dejar que se lo lleve.
−Pues entonces, desaparezca ese expediente, o para mañana va ir a un funeral, pero será el de su familia. Así, o más claro.
−Bajo su riesgo, espero que no se arrepienta, voy a la computadora; mientras vístalo y llegando a la puerta, que el niño camine hasta su automóvil, no queremos despertar sospechas.
Así lo hacen, Albertito hace un gran esfuerzo para llegar a la camioneta, y ya ahí.
−Mamá, llévame con Jonny, sabe cosas que nadie sabe, y es mi amigo.
−Mi amor, él sabrá de programas, de la red, pero no es médico.
−¡O me llevas con él, o me muero! Pásame mi móvil, déjame comunicarme con él. Mmmm dice que nos va a recibir, que esta información no la podemos tratar por los móviles. Soy muy afortunado, nadie sabe dónde vive, ¡Cómo lo admiro!, ¡está en nuestra misma ciudad! Me envió su dirección en clave, la tengo que descifrar.

Al llegar a una casa de aspecto descuidado, en un barrio marginado, se estaciona la lujosa camioneta. Se baja el papá y toca a la puerta.
−Hola niño, ¿me podrías comunicar con Jonny?
−¿Dónde está tu hijo?, no hay tiempo que perder. –Meten a Albertito a un cuartucho polvoso lleno de computadoras, móviles, y con rastros de comida chatarra, un catre y un sillón de piel. Jonny les pide a los papás de Albertito que se lleven la camioneta de ahí, y que regresen cuando él les hable. Los papás lo obedecen casi como autómatas y en la camioneta dialogan.
−¡Es un chamaquito como de 11 años, no más!
−Sí mujer, pero nuestro hijo le tiene mucha fe. Además, no se me ocurre a dónde más llevarlo, nunca pensé llegar a esto. –Mientras, en el cuartucho hay otro diálogo.
−Jonny, ¡nunca pensé venir aquí!, soy muy afortunado, nadie sabe dónde estás, ¿verdad?
−Nadie, y así se va a quedar. Dame tu móvil lo voy a destruir o te mueres.
−¡No! ¿Por qué, qué pasa?, ¿Por qué lo metes ahí?, ¡ya explotó!
−Es un virus electromagnético, es de la misma frecuencia que tú generas. Así como cada quien tiene un olor característico, todos tenemos una frecuencia propia. Es tecnología de punta, lo aplican a los que detectan como hackers; tienen formas muy sofisticadas de hacerlo; ponen señuelos. Como no los pueden destruir por software, lo hacen por hardware. Varios con los que tenía relación en la red, ya no existen; solo tú pudiste descifrar mi dirección.
−¿Me podrías decir cómo lo hacen?, ¿quién está detrás de todo esto?, ¿no me voy a morir, verdad?
−No, siempre y cuando no te vuelvas a acercar a un móvil, cuando lo haces, tarda 30 segundos la búsqueda y se dispara la frecuencia para destruirte, sin dejar huellas. Voy al baño, no toques nada.

Sale, mientras Albertito teclea algo en la computadora, observa el aparato donde detonó su móvil, toca unos números, y se aleja de ella. Cuando regresa Jonny, expresa Albertito.
−¿Podrías borrar toda evidencia de mi expediente del hospital?, no confío en el doctor.
−Sí claro, te traje unas papas y refresco.
−Gracias. Sólo me pregunto, ¿por qué lo hiciste?, ¡estuviste a punto de matarme a mí y a mis amigos! ¡Qué quieres probar?, o, ¡quién te contrató?
−Sabía que lo ibas a deducir, disque super héroe anti hacker anónimo. Al haber usado mi computadora se activó una frecuencia 100 veces más fuerte de la que traías. Tu último deseo…
−Pues, ahorita que la usaste se detonó tu propia frecuencia tus 100 veces para ti. Y cambié la combinación de tu aparato destructor de frecuencias, no podrás parar la emisión de las frecuencias. Ambos vamos a morir. Al menos yo sí hice honor a mi título de héroe, te destruí.
−Tal vez a mí sí, pero no al virus que ya está en la red, tú lo detonaste al cambiar la combinación de la máquina, no eres el héroe que creíste, yo diría que eres, el super destructor anónimo de los usuarios.
−No la cambié. Y sí pude destruir tu virus, tus programas son muy predecibles. Creo que ya estás obsoleto. Nadie va a morir. Nos seguimos viendo en la red, Jonny. –Sale Albertito y va corriendo a su camioneta.
−Ya nos podemos ir. ¡Estoy curado!, se los dije, Jonny, sabe de todo. Podemos ir por un helado, creo que me lo merezco.
−Claro, confiaba en que te ibas a curar, el que confía en el Señor, jamás será defraudado. ¿No quieres que te compremos un juguete?, necesitas algo en que entretenerte.
Fin