Greendelwolt: La Nueva Travesía – CAP. 2

CAPITULO 2: LA ADAPTACIÓN.

Había llegado el día. Antes de partir, vimos lo que parecía ser el personal de la realeza de Grindelwolt. Habían arribado al pueblo para brindarnos transporte, y así comenzar nuestro largo camino hacia nuestro nuevo hogar. Mi padre mencionó que al ser un nuevo miembro de los custodios, se nos serian brindados ciertos beneficios, como por ejemplo, una buena vivienda y algunos recursos. Supuse el rey de Greendelwolt era una persona muy generosa. Pero a decir verdad, no era lo suficiente como para entusiasmarme. Luego de varias despedidas, tomamos nuestras cosas, y comenzamos nuestro viaje. No saben cuanto tiempo nos llevo viajar desde Alklan a Greendelwolt.

Luego de un largo viaje, por fin habíamos llegado hacia nuestro destino. La verdad es que Grindelwolt era un lugar muy hermoso. Aquella emoción que sentí al conocer este reino fue única. Primero comenzamos con un pequeño recorrido, y terminamos con la muestra de nuestro nuevo hogar. No era una vivienda tan grande, pero tampoco era muy pequeña. Estaba bien diría yo, al menos era lo suficientemente amplio como para movernos con libertad. A final de cuentas nuestra casa tenia lo que a mi padre se le prometió. No voy a negar que al principio estaba un poco emocionada por el nuevo estilo de vida que llevaría. Pero de todas formas aún no asimilaba el hecho de que tuvimos que abandonar Alklan por las cuestiones laborales de mi padre. (O en su caso serian… ¿”reales”?)

Los primeros días fueron un poco complicados. Teníamos que aprender a adaptarnos a las nuevas costumbres, y como uno esperaría, empezar a adquirir nuevas amistades. Su estilo de vida era mucho más superficial de lo que pensaba, y no sabía por qué le prestaban tanto interés al tema de la magia y hechicería. Eran elementos que nunca llegue a apreciar en Alklan. Debo confesar que al principio me costaba mucho trabajo relacionarme con las personas de allí, de hecho, sentía como la timidez empezaba a atraparme. No charlaba con nadie, hasta que un día decidí ir a conocer la biblioteca del reino. Me llamo mucho la atención el tamaño de esta. Era mucho más grande que la humilde biblioteca a la que iba frecuentemente en Alklan. Cuando estaba tomando algunos libros de las estanterías, allí conocí a una muchacha muy particular. Parecía ser una hechicera. Al ver que estaba apreciando su apariencia, ella se me acerco amablemente. – Disculpa señorita, ¿Puedo ayudarle en algo? -. Obviamente le dije que solo buscaba una buena lectura, sin embargo, ella comenzó a deleitarme con sus dotes de sabiduría para hablarme de algunas obras de los autores más reconocidos. No sé cómo ni porque decidió ayudarme, y conforme pasaba el rato, comenzó a sacarme un tema de conversación.

Esa chica se llamaba Marion, una mujer muy inteligente y a veces un poco excéntrica. Me contó que además de practicar magia y hechicería, ella se encarga de investigar los misterios y lenguajes de muchas civilizaciones de otras tierras; y en algunas ocasiones se encarga de darles clases a niños, y que en su mayoría son hijos de algunos de los amigos y conocidos de la realeza. Cambien me contó algunos de sus dones. Uno de ellos es un don de detectar el aura de las personas; y que si una persona posee una aura blanca, ella tendría toda la confianza de relacionarse contigo. No entendía exactamente cómo funcionaba eso, ni siquiera sabía lo que era un aura en sí (y aun me mantengo en esa postura). Tal vez esa sea la razón del porque comenzó a relacionarse conmigo instantáneamente.

Aquel día terminamos platicando acerca de nosotras. En mi caso yo le conté todo acerca de mi vida en Alklan, y un poco sobre mis aficiones. Lo único que no le mencione fue mi apellido, ya que supuse que podría sonar algo superficial por formar parte de una familia muy reconocida como los Walkenhorst. Tal vez se lo diga en otra ocasión. A partir de allí, creo que formamos un fuerte vínculo de amistad. Desde ese entonces solía visitar su hogar muy seguido, y había veces en donde me invitaba a dar algún paseo, o incluso darme una demostración de cómo les daba clases a los niños de la realeza. Sobra decir si íbamos a la biblioteca juntas. Nunca había conocido a alguien como Marion, y la verdad es que estoy muy agradecida de que el destino la haya introducido a mi vida.

 

FIN DEL SEGUNDO CAPITULO.

 

Dedicado a una persona maravillosa.