Flores, peces

1

Callo, me voy a un pedazo de tierra adentro, flotante,

núcleo de mi vida que se sostiene en el aire.

Callar es llevar las palabras adentro,

a ese pedazo de tierra y sembrar semillas de aire,

es verlas crecer,

soltar sus pétalos, sonidos de silencio,

isla que se forma en el fin de uno mismo.

 

Callar es llevar adentro nombres, sentimientos,

recuerdos que se hunden en los ríos del alma,

es cargar lágrimas que como peces

fluyen  en esas corrientes hacia el fin de uno mismo.

 

Callar es mirarte y sembrar semillas de aire

y lanzar peces a tus lágrimas,

es sembrar semillas de silencio que crecen

en tu corazón flotante,

es lanzar peces a los ríos de tu alma,

mientras callo y me voy a un pedazo de tierra adentro.

 

2

Callo a veces porque el silencio me sujeta  la lengua

y me presiona la garganta y te cierra a ti los oídos

con sus muros invisibles y yergue  sus ventanas cerradas

entre los dos.

 

Callo a veces toda la tristeza,

todos mis ruidos y los llevo  río  adentro, río flotante,

núcleo de mi vida que cursa el aire,

y toda mi tristeza se escucha en las piedras

que el río se traga con su vuelo eterno de serpiente alada,

y sus peces se mueren al comerse las semillas de mis palabras

que les lanzo en arpones de fuego.

 

Callar a menudo es escupir espinas

que habían sido un puente destruido,

un muro en la garganta,

obstruyendo el paso de los peces

y cuando ya no hay espinas, ni puentes, ni muros,

callar es liberar a esos peces hacia tu corazón flotante

sostenido por el silencio del aire,

es verlos perderse en el océano de tu alma,

mientras yo callo y me voy a  un río adentro.

 

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