Flor

De nuestro lecho de tierra,

con frutos dormidos bajo su piel

te levantas como una flor,

hermoso eres con tus pétalos y fragancias saliendo de tu cabeza,

cuando te volteas a verme y de tus ojos emana el verdor de la vida,

con el eco de mariposas aún alegres

por conservar su reflejo en tus pupilas.

En esos momentos,

la vida se impone ante la rutinaria muerte del tiempo,

mis manos como  insectos libres se pasean por tu tallo

y se confunden con el color de la creación

que nada sabe de horas que se alistan a la guerra de los días,

manantiales de tedio de los que te alejo para regarte con mi arrullo

de especie  olvidada, de labios aún llenos de agua divina.

 

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