Entre metáforas y (electrones) balones

En la cancha  

Dicen,  los que gustan de decir tantas cosas, que el fútbol nos distrae de los problemas del mundo, que despierta las bajas pasiones, que es cosa  primitiva y desechable.  Lo dicen con saña y  dedo inquisidor; con el desdén  y el asco de quien, al salir del restaurante gourmet,  pasa sin querer por el puesto de garnachas.

Empieza el mundial, la violencia continúa, el balón rueda, las reformas avanzan. Gritamos gol, nos llaman ignorantes; gritamos gol, nos dicen adormecidos; gritamos gol,  gritamos gol, gritamos gol, porque esa redonda palabra es nuestro más poderoso argumento.

Conforme descendemos por los círculos de la “alta cultura”, la riña se vuelve más frontal. En la literatura existen los dos polos,  por cada Borges que lo denigra “El fútbol es popular porque la estupidez es popular”, hay un Javier Marías que lo celebra “El fútbol es la recuperación semanal de la infancia”; por cada Rudyard Kipling que se burla de él y de “las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan”, hay un  Albert Camus que logró ver sus enseñanzas “Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol.”

A propósito del mundial, y en un intento de reconciliación, realizo el siguiente ejercicio; es un pequeño homenaje a algunos de los escritores que me han maravillado. Aquí el once titular, mi dream team de las letras:

Dream team de la literatura

 

Portera: J.K. Rowling   ( Harry Potter)

Un escritor de Best Sellers siempre va a ser blanco de los disparos más potentes por parte de la crítica, el reto aquí es aguantar los balonazos y seguir en la lucha, ser el mejor en la posición y construir el juego desde una salida segura.

Jugada memorable:    

Harry: ¿ Profesor esto es real o sólo pasa en mi mente? 

Profesor Dumbledore: Por supuesto que pasa en tu mente Harry, pero eso no quiere  decir que no sea real. 

Defensa central: Alejandro Dumas ( Los tres mosqueteros, El conde de Montecristo)

La defensa es de los novelistas, seguros y con dominio de todas las mañas del oficio. En Dumas encontramos al narrador que aguanta al atacante hasta la última línea, sabe cuando hay que ir despacio, desesperando al lector hasta que este suelta la bola  y es entonces cuando tira un pelotazo emocionante dejando a la historia en clara posición de gol.

Jugada memorable:

Para toda clase de males hay dos remedios; el tiempo y el silencio.

Defensa lateral izquierdo: J. M. Coetzee (Infancia, Juventud, Verano; premio nobel de literatura 2003)

Conoce mejor que nadie los defectos propios y del rival, su juego desnuda sin caricia, su prosa de hielo es a la vez fría y refrescante. El juego de la vida es el juego de las máscaras, él no se deja engañar por el rostro  optimista y decidido del delantero.

Jugada memorable:

El destino reparte cartas y tú juegas la mano que te ha tocado. No gimoteas, no te quejas.

Defensa lateral derecho: Dante Alighieri ( La Divina Comedia)

Los mejores defensores son los italianos. Inventor de una lengua, Dante  es también inventor de una forma de juego: aquel donde el infierno de los defensas es mucho más excitante que el purgatorio de los medios y el paraíso de los delanteros.

Jugada memorable:

¡Oh, vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza! (de la entrada al infierno)

Contención: George R.R. Martin ( Canción de hielo y fuego)

Agresivo y con un corazón frío a la hora de destruir el juego bonito del lector. No teme lesionar al rival o al compañero; más que por su técnica, gusta por su fuerza y valentía.

Jugada memorable:

Los dioses dan con una mano y quitan con la otra.

Medio creativo: Jorge Luis Borges (Ficciones, El Aleph )

La base de la creación está en el dominio de la técnica. Para generar un buen juego a los delanteros  es necesario alguien que sepa adaptar su juego a las exigencias más complicadas del lector, alguien que tenga la capacidad de quitarse al rival con un drible poético, que sepa conducir la bola con un seguro paso narrativo y pueda analizar el juego con la precisión de un ensayista.

Jugada memorable:

Que otros se jacten de las páginas que han escrito/a mí me enorgullecen las que he leído.

Volante por derecha: Ray Bradbury (Crónicas Marcianas, Farhenheit 451, Fantasmas de lo nuevo. )

Con su pluma de ciencia ficción y fantasía, es capaz de volar y dejar viendo estrellas a los rivales. Complace al más viejo de los aficionados por el romanticismo de su lenguaje, seduce al más joven de los hinchas por la genialidad de sus ideas.

Jugada memorable:

Hay solo dos cosas con las que uno se puede acostar: una persona y un libro.

Volante por izquierda: Juan Rulfo ( Pedro Páramo y el llano en llamas)

Dos partidos le bastaron para ser buscado por  los más importantes clubes europeos. En “Pedro Páramo” demostró que se puede narrar con poesía, conducir con seguridad el balón siendo a la vez mágico y efectivo; en “El llano en llamas” cotizó en alto valor el lenguaje de los locales.

Jugada memorable:

Hacía tantos años que no alzaba la cara, que me olvidé del cielo.

Extremo derecho: Robert Louis Stevenson (Dr. Jekyll y Mr. Hyde, La isla del tesoro,El club de los suicidas)

Para mandar centros de gran precisión y tiros potentes de media distancia, nadie mejor que los británicos. Las aventuras escritas por Stevenson son claras en su lenguaje y ágiles en su narrativa, su juego es limpio y vertical, no se detiene en giros retóricos innecesarios.

Jugada memorable:

No existen tierras extrañas. Es el viajero el único que es extraño.

Extremo izquierdo: Vicente Huidobro ( Altazor, Temblor de cielo)

Si del lado derecho tenemos la eficacia británica de Stevenson, del izquierdo complementamos con la magia latina de Huidobro. Experto en las jugadas de fantasía, se cuela como el agua en el área rival. La poesía de este chileno no le teme al riesgo literario, goza de una autoestima y ambición que le hacen lograr jugadas únicas y espectaculares.

Jugada memorable:      

Nací a los treinta y tres años, el día de la muerte de Cristo; nací en el Equinoccio, bajo las hortensias y los aeroplanos del calor. Tenía yo un profundo mirar de pichón, de túnel y de automóvil sentimental

Delantero punta: Julio Cortázar ( Rayuela, Historias de cronopios y de famas, Bestiario)

Alto e impredecible, ideal para los tiros de esquina y centros a balón parado. Cuentista inigualable que siempre sorprende y se mete entre la defensa por donde menos se espera, al final no sabes por dónde cayó el gol, como se avienta una palomita, puede sorprender con una chilena.

Jugada memorable:

Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo.

 

¿Ver o no ver el fútbol? ¿Poner o no atención al mundial?. El debate continuará, aquellos lo seguirán condenando, nosotros lo seguiremos viendo.  Duele lo que dicen, es cierto, pero nos viene bien la rivalidad: el fútbol nos ha enseñado el encanto que acompaña a los duelos clásicos, el desahogo que produce el insulto embravecido, el placer ocioso de la discusión sin fin.