Elegidos

La noche nos elegió porque se siente sola,

tú y yo callamos su silencio con nuestros cantos

sobre el pavimento oscuro de nuestro lecho.

Nuestro coro de presidiarios de la realidad conmovió sus oídos

y nos salvó del incendio de los días.

La noche nos liberó para salvarnos del templo

que construyen las multitudes en la luz adulterada,

en su oscuridad nos protege con su manto hecho de los sueños

de los seres que han recorrido sus parajes.

Nos tararea sus olvidos en olas de cristal que si reflejan nuestras penas quedan limpias.

Nos vio y nos salvó de la soledad pues en compañía de sus estrellas nuestros labios se funden.

Ella siente tus caricias a través de mi, la piel del cielo erupciona mis besos a través de ti.

Caminamos por sus cuerdas que entonan un blues por los que duermen sobre sus lágrimas

soñando que flotan sobre tempestades y que el oleaje de los días pierden sus ansias.

Esas cuerdas que son tus dedos recorren la guitarra que me arranca de las ropas

y me hurgan los rincones donde guardo algún pedazo de espejo para el recuerdo de la luz.

Son tus dedos elegidos para despertar el fulgor que perdí doblando las esquinas.

La noche nos elegió para conocer sus horas sin retorno al flujo de las luces

de los semáforos en los que el día se extravía.

En las manos ancladas a nuestros cuerpos nos movemos a través de ella,

en un barco que el mar protege como a un hijo.

La noche nos ha adoptado y nos vuelve parte de su humo que esconde resplandores en su saco.

La noche ama y vive a través de nuestro amor y sólo así es que se vuelve día.