El sazón de Febronia

En la casa 5, del conjunto habitacional 5 de Mayo de la ciudad de México, se encuentran comiendo Febronia, su esposo Donato, y los tres hijo, Juan con su mujer Aurea, Carmela, y el más chico, Tomás de 13 años. Está la televisión prendida, cada uno viendo su celular; mientras Febronia calienta las tortillas, hace el agua de limón, pica la cebolla, vacía el postre en moldes, recoge los platos sucios de la mesa, y Donato con voz prepotente dice
−Febronia, sigues re fea, y cada día más gorda, yo no sé porque me casé contigo, lo único bueno en ti es tu sazón, si no fuera por tu comida ya te hubiera dejado desde hace mucho. “Me cai” que hasta una gelatina agua de cajita preparada por ti te sabe muy sabrosa.
−¡Ya papá!, siempre es la misma cantalenta, tú sí que estás bien panzón –dice Juan, poniéndole salsa a su tortilla −Mamá ya no quedan más tortillas calientes.
−Es por culpa de tu madre que estoy así. ¡Febronia, se te olvidó poner las servilletas! Siempre es lo mismo contigo, no eres más bruta porque… Te aviso que ahora sí me voy con Lola, ella sí es una mujer re chula, y ella sí trabaja, no como tú.
−Señor, yo la conozco, no terminó la academia de secretariado, es re floja y no sabe ni freír un huevo.
−¡Tú te callas!, si quieres seguir tragando en esta casa –Aurea baja la cabeza y sigue comiendo su sopa, Juan la voltea a ver y mueve la cabeza de un lado para el otro y frunce la boca.
−No me iba por tu sazón, Febronia, pero he decidido que tú nos vas a llevar la comida a Lola y a mí todos los días. Solo así te seguiré dando tu gasto diario, pobre de ti, no sabes trabajar, en cambio Lola trabaja todo el día. A partir de mañana me llevas la comida al taller; y ya me voy porque ya me pusiste de malas, “traíme” el postre, me lo voy comiendo en el camino. –Febronia con los ojos humedecidos le da el traste con la natilla de mamey con nuez en una bolsita de plástico con su cucharita.

Al otro día, toda la familia sentada esperando el delicioso desayuno de Febronia, y cuando la prueban, inmediatamente la escupen.
−¡Mamá, esto sabe horrible! Dice Tomás, sin dejar de jugar en su móvil.
−No sé por qué, no sé qué pasa, la sal está bien, nada está echado a perder, y lo hice como siempre lo hago.
−¡Si esto es una broma, mujer, te voy a dar una golpiza que no vas a olvidar en toda tu inútil vida!
−¡No es una broma! Yo misma estoy asombrada.
−Pues si ya perdiste tu sazón, que era lo único bueno en ti, ahora sí, ya no vales nada.
−Aurea, “haste” unos huevos revueltos –Aurea los hace y el resultado es el mismo.
−¡Ya te contagió tu suegra! Mejor me voy a comer en un buen restaurante −Estando ahí, ve las noticias que dicen: Un extraño fenómeno ha sucedido en todo el mundo, ha desaparecido el sazón en todo el planeta, los primeros informes anuncian que se ha producido un caos como nunca antes se había visto, y solo es el principio. Esperemos que las autoridades competentes resuelvan esta situación que se ha vuelto ahora, prioridad internacional –¡Ya nada más esto me faltaba! −, dice Donato, pegando en la mesa −de seguro la Febronia tuvo algo que ver aquí.

Las Agencias de Investigación Internacional y las secretas han dejado todo de lado y se han puesto a trabajar sobre este fenómeno que está mermando la economía mundial a pasos agigantados, usando tecnología inversa, nanotecnología, analizando todo lo que tenga que ver la falta de sazón en el mundo. Por su parte, los programas en You Tube están dando sus hipótesis y soluciones, desde ataques alienígenas, conspiraciones internacionales para acabar con la población, hipnosis colectiva, cumplimiento de profesias, hasta castigos divinos.

En la casa de Febronia se encuentra ella, y su comadre.
−Ya Febronita, no esté así, lo que le haya dicho el patán de su esposo, no es cierto, siempre amenazándola con quitarle el dinero, pero, recuerde “El Señor es mi pastor nada me falta.”
−¡Cómo no comadre! Por lo único que estaba Donato conmigo era porque guisaba sabroso y ahora que ya no tengo sazón, ya se va.
−¡Comadre, ya le dije que eso le pasó a todo el mundo!, créame. Le voy a decir a mi hija, que es psicóloga, que venga a platicar con usted.

Al cabo de un tiempo volvió la sazón al mundo y todo regresó a la normalidad, menos en la casa de Febronia.
−¡Febronia, abre la puerta!, ¿Le cambiaste la cerradura a la puerta? –dice Donato pateando la puerta.
−Sí, y si ya decidiste irte con Lola, entonces, vete; ya están tus cosas en el taller.
−¡Ah sí! Pues, te voy a decir una cosa −grita Donato−, si mañana al medio día no está la comida calientita y con el sazón que tenías antes de esta…cosa que pasó, te olvidas de tu gasto diario.
−Mañana 8 de marzo, te va a visitar mi abogado, porque tienes que dar la manutención de Tomás que es menor de edad, y otras cosas más. Te aviso que Juan y Aurea ya se fueron de aquí, van a rentar un cuartito, así es que te recomiendo que le pagues bien a tu hijo, y Carmela, si no se pone las pilas, o sea, estudia y me ayuda en la casa, se va también. Y si no te vas en este momento voy a llamar a la policía. Ah!, por cierto, si tienes un banquito, te sientas a esperar la comida, para que no te canses.
Fin