El noble talento

EL NOBLE TALENTO

servicialProvenía Tirso de la  familia más distinguida de Acatlán. Durante su juventud fue aficionado a la lectura. Le gustaba aprender cosas nuevas y viajar, visitó varios lugares del mundo y con ello contrajo muchas amistades. Una vez conoció a un maestro de ciencias llamado Arnoldo. Ambos llegaron al lugar de la selva Chiapaneca, inesperadamente una enfermedad grave atacó al maestro y Tirso cuidó de él con toda su disposición y le preparaba sus alimentos con gran cuidado al igual que elaboraba sus pócimas tal como el curandero de la región  se lo indicaba. No obstante toda la solicitud que le prodigó, el maestro Arnoldo, no mejoró.

Amigo Tirso- le dijo- al parecer no existe remedio alguno para curarme, te dejo mis pertenencias y todo mi capital. Cuando muera, con ello pagarás mi entierro y el restante será tuyo, no será mucho pues se que la esmerada atención que me has prodigado en todo este tiempo no te lo recompensa y si de algo te confortan mis palabras de  agradecimiento como hermano te dejo mi honor en ellas.

Tirso tramitó los funerales obedeciendo a su amigo. Al otro día se encaminó a la tierra del maestro… les relato lo sucedido y devolvió pertenecías y el dinero restante a su familia.

Tirso era, para entonces, también un maestro con escasos recursos económicos, pero no codiciaba riquezas ajenas, su fortuna la cargaba con él en el conocimiento y servicio a sus semejantes. Su conducta y sinceridad conmovieron mucho a la familia del maestro quienes lo invitaron a ser parte de ellos. Tirso, con humildad, aceptó formar parte de tan distinguida familia. Tirso llego pronto al cargo de Director, donde durante su desempeño se mantuvo recto justo e integro. Entre sus labores descubrió a Jacobo, inspector de zona muy hábil, y cuando se disponía ascenderlo a Jefe, llegó una orden judicial de detener a Jacobo, pues durante su desempeño había descubierto la corrupción de compañeros mientras laboraban y les hizo cumplir la ley laboral, pidiéndoles honestidad o renuncia.  Su actuar era recto, ofendiendo con ello a los altos jefes quienes habían recomendado a los infractores. Tirso, con el objeto de evitar que Jacobo fuese acusado injustamente, viajó a la capital ante el consejo de la SEP, donde relató su ético desempeño y rogó que le dieran un mejor puesto por su labor. El consejo, al ver la pruebas mostradas, dieron a Jacobo el cargo de secretario de la oficina central de educación donde se distinguió por su honestidad. Durante sus funciones Tirso escucho decir que Rafael y Santiago eran maestros de ciencias muy eruditos, entonces los invitó a trabajar con él. Tirso aprendia de ellos y pronto logró el puesto de director en la SEP de su pueblo. Aunque tenía un alto mando al cual rendir cuentas no dejó su sencilles y rectitud en todo lo que decía y hacía.

Tirso continuó su trabajo en bien de todos. La gente lo respetaba por elevar los talentos con sencillez  en los niños.