El loco

“Tal vez sea tiempo de empezar a morir.”
-Al Berto

Oh, aquella vetusta
claridad de días aciagos
en  aquel lugar donde nada pasa y nada queda
donde se extiende la muerte
desde tizón del deseo
a la espalda incendiada sobre la roca más fría
escribiendo muerte en la orilla del cielo
construyendo jardines con luz de veneno

Entra pues, con los pies descalzos
en el rostro del sol mutilado
entra y devora la suciedad del Infierno
entra y deja que te muestre
el milagro de la saliva
tan profunda es esta muerte de neón
tan sagrado este amanecer
donde los lagartos nos muerden los suspiros
y estamos solos en el Valle de Piedras Encimadas
y todo es incierto
pero no hay más risas ni estrellas de madera
para enseñarnos a jugar con el fuego
y todo es incierto

Ella respira, dormida, en el centro del universo
su sol-corazón le habla a los pájaros
frente a ella, la luz olvida su oficio
el zócalo la mira en silencio
transparencias petrificadas se pierden
en la inmensidad de la noche-serpiente
ella está sola
el aire nunca la toca
mis ojos ya no la tocan
mis manos ya no la miran
tormentas sonámbulas se ahogan
en las venas de una ciudad fosilizada
hay gente que se desvanece
en los caminos del tiempo
hay sangre olvidada en el aire de Andalucía
hay mártires ardiendo
en los hornos de Babilonia
ella está sola
y todo es incierto
su blancura es más real que el cielo
y todo es incierto