El árbol

Fui  semilla en blando suelo,

luego planta que extendió sus brazos hacia el cielo

y abrió sus hojas a la luz,

después poco a poco árbol

que desnuda al ojo sus arrugas,

algún día brillé con flores que se abrían y cantaban mi alma

o lloraban el rocío que el amor dejó en sus  pétalos.

 

Hoy guardo silencio rodeada de otros árboles

que esperanzados crecen hacia nubes más altas,

siento con la caricia del viento que soy libre y que ando,

mas sé, todos lo saben,  que no voy hacia allá o regreso aquí,

mi camino no es el río que roza mis pies con su cuerpo de espuma,

que me atraviesa desesperado hacia otros valles,

mi camino es vertical e incierto hacia el  reino de la luz y la sombra,

hacia la emperador de  corona de oro y plata.

 

Se que el tiempo no perdona si no llegamos a la cita última de nuestra vida,

el tiempo en su tiempo exacto nos dobla,

nos regresa al polvo,

a la semilla rota que abandonamos en el origen

y todo canto de viento cesa,

todo murmullo de hojas,

todo arrastrarse de ramas y raíces.

 

Fui semilla en blando suelo,

suelo de leche de pez, de agua de coco,

nacida de besos de caña,

pero salí árbol con sangre verde

y columna vertebral que arrulla trinos.

 

Tengo un gran hoyo en el pecho

que alberga negra ave de trémulos latidos

ave que calla sus plegarias y apresa su vuelo

o escucha en su escondite el lamento anclado de otros árboles

que al igual que yo esconden entre  las arrugas de su piel

las palpitaciones de un ave cautiva.

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