Esbozos de la luz

1

La luz resbala como gotas de rocío

por las corolas  abiertas del ventanal de  mi cuarto,

como niños que juegan a descubrir misterios

en los cajones de mis ojos.

 

Llega nueva y escoltada por el viento

cual una hoja recién nacida

por la primera pasión del sol con la tierra,

femenina y hermosa llega la luz a hacerme olvidar

el encuentro con las estrellas

y no ha terminado de bajar

como el fruto de la rama a la travesía de la vida

cuando ya en el espejo de mi ojos

se refleja anciana, cuando ya mi boca sedienta

la devora como a un corazón amargo.

 

Baja por el trapecio del día

con auténtico cuerpo de bailarina exótica,

piensa encontrar equilibrio en mi piel

mas se topa con las piedras de mi ojos

que la esperan para hacerla añicos.

 

Llega la luz como agua reclamada por las bocas

de mis ojos prisioneros y en pacto eterno con la sangre

y celda de la noche

y aunque sigilosa pasa por las fisuras del lago pétreo de mis ojos

y muestra sus colores con el cuerpo desnudo,

se hace polvo y rumor la mensajera del día.

 

Viene la luz y cae en mi rostro

siempre oculto tras las sábanas,

resbala con sus zapatillas de cascabeles

que hacen sonar a los escombros de millones de días,

siglos arrastra la pregonera del despertar y mucho polvo

arrincona en mis ojos que en su amanecer por las calles

sólo encuentran las huellas de la luna.

 

2

Mis ojos, copas de cristal sobre el mantel de encaje

que ha bordado la noche en mi piel,

esperan a la niña que sale por el tobogán de los rayos del sol,

 

Llega siempre la pequeña a la hora en punto del despertar,

juega a  caer, a  esconderse en mis ojos,

a saciarlos  con el vino  de ánforas que trae del cielo

y soñando con encontrar flores de azúcar

servidas por el amanecer

se topa con el oscuro jardín

que la noche ha  cultivado en mi rostro.

 

Pobre niña que cae, canta, juega

y se esconde en mi piel

y la sacia con el vino de sus ánforas manos,

en vez de volverse licor de rocío

para las corolas deshechas de mis ojos,

se vuelve ola de polvo que perece escondida

tras las rocas de mis párpados,

muro por el cual contemplo

el  nebuloso saludo del día.

 

 

 

 

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