Discurso fúnebre a lo verídico

 

Reunidos estamos bajo la misma bruma luctuosa,

se han dado cita adversarios, deudos e ignaros.

Entre seguidores de la certeza y tergiversadores de profesión

venimos a condolernos.

 

Por su inmensa franqueza, su ida era impensada,

el desconcierto encierra esta tragedia,

¿cómo pensar seguir sin su existencia?

parece mentira el porvenir.

 

Pero recuerden lo que no evidencia lo tétrico:

una partida siempre siembra esperanza

de que se encuentre dicha en el viaje

y  algún día un rencuentro que sacie el anhelo.

 

Siempre estará con nosotros su legado,

el que fue autentica arma liberadora

y su búsqueda tenaz por levantar las piedras,

por desenmascarar actores quiméricos.

 

Por eso invito a los presentes a hacer memento,

y provocar la aparición de neófitos

que sigan su idea póstuma:

exponer la claridad incontrastable.

 

El pésame es para quienes aún están ignotos,

todos los retorcidos entre rumores,

quienes presionaron su concepto a un silencio,

y los que siguen incrédulos de su realidad.

 

Ni difunta podrán ocultarla ¡qué viva la verdad!