De Días y Lluvias

La mesa da unos pasos hacia la ventana en la que el reflejo de la lluvia baila
el canto de su garganta se rompe gota a gota y respira hondo la mesa
pues es tanto el peso de la soledad que carga que se sacude el polvo
y este como un suspiro choca con las paredes.

Se quita el mantel, arrugada y descolorida manta que ocultaba su cuerpo
después de mirar el sollozo del cielo
abre de súbito la ventana para dejar entrar en su corazón de madera todo el moho del aire,
como una luz, como un compañero inesperado.