Cuatro amigas

En la estación de la policía se interroga a una mesera.
−Vine porque yo oí cuando esta mujer les dijo a sus amigas que ella quería de herencia el batidor de huevo, el cepillo de cabello redondo, y la cuchara para las pestañas. Y al reconocer en la tele las caras de las asesinadas, me dije que la que las había asesinado era la mujer que está aquí enfrente. Es mala, no me dio propina.
−Yo no tuve nada que ver en sus muertes, fueron asaltadas y matadas. Soy la primera en sentirlo. No hay nada que me incrimine.
−Sí, ella dijo que no iba a heredar esas cosas porque estaba difícil que ellas murieran antes que ella; que solo que las matara… ¿Lo dijo, o no lo dijo?
−Sí, pero estábamos bromeando, ¡es una metiche! –le grita la acusada.
−Y usted, ¡una asesina!, ¿qué les robaron, dígale señor detective? –dice la mesera indignada.
−Al parecer, un batidor de huevo, un cepillo redondo de cabello y una cuchara de cocina; porque se encontraron unos metros más adelante botados en un jardín; se corroboró que pertenecían a las víctimas porque se encontraron las huellas digitales de las occisas en cada artefacto –susurra el detective: El que ama el oro no se verá justificado, el que anda tras el lucro se extraviará en él.
−¡Ya ve, señor detective!, fue ésta mujer.
−¡Yo no fui!, iban a mi casa para hacer un betún, y luego nos íbamos a peinar y arreglar para una fiesta, pero no llegaron. Y si hubiera sido por esa causa, por qué habría dejado tirados esos artículos –contesta la acusada rechinando los dientes.
−Gracias por haber venido señorita mesera, y por el retrato hablado que nos proporcionó de la señorita. Nosotros seguiremos con la investigación.
−De nada, pero no la pierdan de vista, y no le vayan a dar las cosas a esa mujer, es mala… no me dejó propina.
−Sólo una pregunta –dice la acusada-, ¿cómo supo que les habían robado estos artefactos?, si no salió en las noticias, además, las tres llevaban dinero porque me iban a pagar una deuda, y no se les encontró en sus bolsas; de esto también hablamos en el restaurante, dijimos lugar y hora de la reunión.
−¿Ya me puedo ir? –dice nerviosamente la mesera.
−¡No! –dice el detective−, primero va a contestar algunas preguntas.
Fin