Agradecimientos

“A mi cuerpo, con todo mi amor “

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Agradecimientos:

Al gran corazón,

que me ha  guardado  mil gotas, como una esponja

reteniéndolas en un mar que adentro agita su canto,

esa voz antaña del viento que se azota y se esconde en las rocas.

 

A la columna vertebral que a pesar de inclinarse como una torre invadida

sostiene  las piedras que conforman mi cuerpo, rocas de agua, de arena y sal

que sirven de nido a las aves locas de mi cerebro.

 

A los pulmones que han hospedado en sus ramas el aliento de mil  besos,

robados, regalados, aventados, pisoteados, revolcados, humillados, necesitados

poseidos de lástima, de ternura, de pasiones,

que en esos ratos de falta de aire me sirven de reserva.

 

A los riñones que esconden y desprenden las cascadas de mis poros,

al estómago que procesa mis cucharadas de tierra

y no quiero dejar afuera de estas eternas gracias

a los carismáticos intestinos que destruyen a los gusanos

que en fila esperan destruir la paz del trabajo diario.

 

Gracias a los ojos por contener el escaso perfume de la paciencia

y a los labios que a pesar de las ansias de volar en besos,

permanecen posados en el rostro a veces de mar y a veces de tierra

 

A  la garganta que es un caro saxofón que saca rayos y  lluvia

de las notas guardadas en el cofre  de la voz,

y no debo olvidar a la vulva que desde los inicios  carga en la espalda,

al monte de Venus  sembrado de girasoles, labios que prueban el néctar de las esencias

a pesar de la rabia de los vecinos de arriba.

 

 

Agradecimientos también a los pies, a las manos, al hígado,

a los órganos reproductores que paren huesos de letras,

a los vasos que reciclan agua de mar y río para los momentos de crisis

Ah y a la vejiga que aguanta sin explotar en pólvora  de estrellas.

 

Por último:

 

Al cerebro por disolverse en versos, en risas, en llantos y amores,

por ser la sombra de mis zapatos vigilando mi andar por las nubes y los árboles

Ah y a ustedes por tenerme paciencia en estas infinitas gracias a la vida,

a la vida por sostenerme en su tendedero atascado de cuerpos que se secan a la luz de la luna.