QUINCE MINUTOS

Para explicar los largos silencios por las tardes

es tiempo suficiente para fumar un cigarro

en este cuarto de cinco esquinas

mientras mis oídos recuerdan

como tarareabas en ese bar

y ese ruido del tren

que sordo no entendía

el mal momento en que quiso hablar

y no me dejo escucharte.

Di media vuelta y me fui

me perdí no sabiendo

que aún antes

ya estaba perdida.