Letras errantes

El lenguaje es motor, las palabras, rocas que contribuyen el incesante movimiento de las corrientes, que suenan y se estremecen a si solas, que retumban en el presente, como si fuera el efecto de un eco producido en el pasado, y que juega a ser eterno.

Balbuceos,dentro de mi,balbuceos que conspiran, sosiegan,determinan la poesía que aún no es poesía.

Inmersa en la subjetividad, del cuerpo. Atrapada en la cárcel, luchando por salir, gritando el himno de la nostalgia.
Soy uno,sigo pensando que soy uno y en medio de esa interpretación se esconde el Todo,que se disfraza de ambigüedad.
Meros títulos que resguardan las características singulares: ambivalencia, patético, sinvergüenza,liberal, sumiso, preso, victimario, víctima.

Rejas más rejas, cuál es la llave, que permita liberar exponencialmente lo que parece poesía, si la solución radica en el desenvolvimiento de lo objetivo, de lo real, de lo tangible, del cuerpo, de la sensibles extensiones de éste, creo que me desvanecí sin aún hallarla.

Un paciente desesperado es mi nombre. Condición, que augura crear, condición que concede esperanza y que se desesperanza a si misma.
Griterío dentro de mi.
Como furioso tropel, reclamo que desencadena en mi silencio, un silencio que se aproxima, a pronunciar, esbozando poco a poco la gloria de una lucha, una lucha anhelante de ser libertaria
….

Y al final la cárcel nunca existe, por que siempre ha estado libre, la poesía, no yace en mi, soy el testigo, cazador de sus fauces, no se esconde yace, en cada semblante, en fugaz y extraña sonrisa, en cada horizonte…

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